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miércoles, septiembre 23, 2026

La crisis Griega y sus similitudes con Venezuela

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

Desde finales de 2009, el temor de una crisis de deuda soberana comenzó a crecer entre los inversionistas como consecuencia del aumento de los niveles de financiamiento público y privado en la eurozona, al mismo tiempo se presentaba una degradación en las calificaciones crediticias de deudas gubernamentales en países europeos, con causas diferentes.

En muchos de ellos, la deuda privada surgida como consecuencia de la burbuja de los precios en los bienes inmobiliarios fue transferida a la deuda soberana, la cual es producida por el rescate público de bancos quebrados, en esta situación se encontraban España y Grecia. La estructura de la eurozona como una unión monetaria sin unión fiscal contribuyo a la crisis y tuvo un fuerte impacto sobre la capacidad de los líderes europeos para reaccionar.

Las preocupaciones se intensificaron en el 2010 y los ministros de finanzas de la eurozona aprobaron un paquete de rescate de 750 mil millones de euros, dirigidos a garantizar la estabilidad financiera de la zona con la creación de un Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF).

Los déficit comerciales requieren una entrada de capital equivalente para financiarlo, lo que empuja hacia la baja los tipos de interés estimulando la creación de burbujas, la avalancha de capital creó la ilusión de riqueza en esos países, los precios de los activos subían, las divisas eran fuertes; lastimosamente las burbujas se pinchan y el milagro económico de ayer se ha convertido en el caso desesperado de hoy, con activos evaporados pero deudas reales.

La pérdida de confianza derivado de información poco transparente y en algunos casos como Grecia, manipulación de datos macroeconómicos, llevaron a extender las dudas entre los inversores elevando el riesgo de la deuda soberana.

La crisis Griega del 2010 había dejado al descubierto la realidad de una deuda histórica acumulada por los gobiernos democráticos pero sin el conocimiento pleno de la mayoría de los ciudadanos y organizaciones nacionales, quienes demandaron una auditoria para conocer con precisión el monto, su origen, sus deudores y su legitimidad; lastimosamente el país heleno sigue padeciendo de los mismos problemas en la actualidad.

Desde el 2010 el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) han aprobado desembolsos para ayudar a solventar la crisis, con la exigencia de unas medidas que permitieran relajar el déficit fiscal; como paquetes de privatizaciones cercanos a los 50.000 mil millones de euros hasta el 2015, se establecen programas de reestructuración de deudas para aliviar el peso sobre los presupuestos anuales. Los impactos de la crisis llegaron al estamento político con dimisiones de gobernantes y acuerdos de unidad nacional para resolver los problemas de legitimidad de los líderes. Desde Papandréu hasta Tsipras los líderes políticos han intentado establecer compromisos con los organismos multilaterales de financiamiento, sin embargo las medidas adoptadas no han resuelto los desequilibrios, el país sigue acumulando caídas en el PIB continuas y la declaratoria de cesación de pagos reciente agrava la percepción de riesgo, independientemente del resultado del referéndum consultivo. Es posible mantenerse en la eurozona sin aceptar las condiciones de los acreedores? esta pregunta debe resolverse en beneficio de los ciudadanos de Grecia; lo cierto es que la nación debe abordar un programa de recuperación, cumpliendo los compromisos derivados de los fondos requeridos para el reflote, equilibrando la disciplina fiscal requerida con los sacrificios que el pueblo puede asumir en esta coyuntura.

Ahora bien que similitudes puede tener con la crisis Venezolana, en el caso de nuestro país existe una oscuridad sobre las estadísticas nacionales, los acuerdos de financiamiento se hacen sin la rendición de cuentas a los ciudadanos, las instituciones encargadas de supervisar la ejecución del gasto público no hacen los controles que por ley les corresponde, no existe la voluntad política de la elite gobernante para establecer un gran acuerdo nacional entendiendo la gravedad de la situación.

Mientras tanto, existe un crecimiento desproporcionado de la liquidez monetaria; la tasa de cambio fluctúa sin que exista una correspondencia con la actividad económica; esto impulsa el precio de los bienes a niveles inalcanzables por los trabajadores; surgen mercados secundarios que producen oportunidades de trabajo temporal altamente especulativos y con niveles de remuneración que acaban la actividad formal.

Con estas condiciones es posible que se esté inflando una burbuja, sin considerar que el látex económico y financiero tiene su tolerancia y puede estañar, con consecuencias muy perjudiciales para la población en su conjunto.

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