Por: Cardenal Baltazar Porras…
La Campaña Compartir es uno de los programas bandera de la Conferencia Episcopal a través de la Pastoral Social-Caritas. Coincide con el tiempo cuaresmal y este año llega a su edición 38, con el lema “Ollas comunitarias…aún queda mucho por hacer”. Se trata de multiplicar la esperanza. Es evidente la crisis alimentaria y el hambre que ronda sobre buena parte de las familias venezolanas. Volver al amor de Dios, desde la Campaña Compartir, es proyectar ese amor hacia los demás, para que tomemos conciencia de lo que necesitan nuestros hermanos. No consiste solo en alimentar el cuerpo, ni es un fin en sí mismo, sino principalmente es una animación y acción pastoral que invita a la organización comunitaria, la solidaridad, el encuentro y el acompañamiento con los venezolanos que más sufren, ante la falta de alimentos.
El objetivo: multiplicar la buena voluntad. La Campaña Compartir quiere convertirse en el medio para que los venezolanos ejerzan la solidaridad, a través del gesto inmediato y sencillo, con quienes no tienen como satisfacer necesidades básicas para su subsistencia. Quiere también, esta campaña preservar los valores cristianos de esperanza, caridad y amor en medio de la hostil circunstancia social que atraviesa hoy el país y promueve actitudes egoístas e individualistas.
A través de las parroquias que tienen su equipo de Caritas se puede obtener mayor información y la manera práctica de participar y colaborar. Una olla comunitaria va más allá de suplir la necesidad primaria de alimentarnos, a través de las relaciones interpersonales que allí se generan: se tiene, además, la oportunidad de conocer y compartir con las personas que viven en un mismo sector, haciendo posible el intercambio cultural y la creación de alternativas para mejorar las condiciones de vida.
La creatividad de cada comunidad, capaz de detectar sus necesidades más urgentes e inmediatas, nos puede llevar a crear otras “ollas”, que no son necesariamente de alimentos. Niños sin escuela, ancianos semiabandonados, madres que no tienen con quien dejar a sus hijos pequeños y deben permanecer en el hogar, nos puede llevar a descubrir “emprendimientos” que faciliten y mejoren las condiciones adversas de vida que padecen muchas familias. En el entorno, suele haber también mucho talento y capacidad para trasmitir con generosidad y competencia sus saberes para bien, material y espiritual de nuestros prójimos.
Queda mucho por hacer, lo que no podemos es convertirnos en indiferentes, como los que nos señala la parábola del buen samaritano. Involucrarnos, asumir el mal ajeno como propio, es la tarea que nos urge, para no convertirnos en egoístas o en seres que únicamente queremos atender “a los nuestros”, condenando de antemano a los que no piensan como nosotros. La cuaresma es tiempo propicio para cambiar de actitud y hacer del amor a Dios y al prójimo, la verdadera razón de la vida.
10.- 5-3-17 (2957)


