Por: Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo…
El creciente número de venezolanos en el extranjero exige un acompañamiento espiritual, pues a donde van, gracias a Dios, se hacen sentir por su activa participación en las parroquias y movimientos de apostolado. Hace unos meses recibimos la fraterna invitación de Mons. José Domingo Ulloa, Arzobispo de Panamá, con un triple objetivo: dar a conocer la figura de Rafael Lasso de la Vega, quien hace doscientos años fuera obispo de Mérida de Maracaibo y de Quito. Poco conocido en su tierra natal Panamá, merece un sitial de honor pues gracias a él, los Papas atendieron la solicitud de dotar de obispos a la tierra americana sin pasar por el cedazo del patronato regio. Tanto en Santiago de Veraguas, donde nació, como en la Universidad Santa María de la Antigua de la capital, presentamos las obras relativas a él, publicadas por el Archivo Arquidiocesano de Mérida. La acogida fue cordial y calurosa, contando con la participación de autoridades eclesiásticas, civiles y académicas, además de familiares, historiadores y personas interesadas en redescubrir un exponente de la fe tan relevante como Lasso de la Vega.
En segundo lugar, el crecimiento de la colonia venezolana es grande en las tierras del istmo. Al parecer, en la capital del Istmo superan los cuarenta mil. De allí la solicitud que hemos recibido de enviar en convenio misionero, sacerdotes que compartan con la feligresía de allá y atiendan algunos requerimientos de los connacionales. A comienzos del próximo año, Dios mediante, estará llegando un sacerdote merideño a incorporarse al trabajo pastoral en la capital. A su vez, tuvimos la oportunidad de presidir la fiesta de la Chiquinquirá, la Chinita zuliana, ícono mariano de la fe venezolana en aquella tierra desde hace varios años. Una hermosa celebración que contó con la asistencia de unos dos mil feligreses, en los que se entremezclaron panameños, colombianos y venezolanos.
Pudimos constatar, en primer lugar, el agradecimiento de la colonia por la acogida que han tenido. Muchos de ellos han logrado instalarse, aportar su experiencia en diversos campos, y convivir con sus familias en este país hermano. Pero, la situación de un buen número de ellos, no es tan halagüeña. Así lo reflejan sus testimonios. La representación diplomática de nuestro país funge más como casa del partido de la revolución que como casa de los venezolanos, a quienes se les dificulta obtener una serie de servicios si no se identifican con su ideología. Las lágrimas de muchos, las historias de sufrimiento y frustración, el desarraigo, la separación de la querencia natural, un sutil y permanente espionaje, ponen de manifiesto que no es la persona humana sino la ideología, lo prioritario en nuestros representantes.
No en vano, el grito del Papa Francisco ante la situación de los inmigrantes del mundo entero, es un llamado a poner por delante la imagen y semejanza de Dios, presente en cada ser humano, más allá de cualquier otra consideración. Y esa es la tarea de todos, ciudadanos y creyentes.
53.- 26-11-14(3080)


