Por: Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo…
La prolífica pluma del Padre José del Rey Fajardo nos ofrece una obra más de su intensa investigación sobre la presencia jesuítica en tierras venezolanas: “La República de las letras en la Babel étinica de la Orinoquia”. Sobresale no sólo la erudición destinada a unos pocos sino la necesidad de que los venezolanos conozcamos más a fondo nuestras raíces para que tengamos un mejor concepto de nuestra propia nacionalidad. La Orinoquia y la Amazonia venezolana son prácticamente desconocidas y poco valoradas por la inmensa mayoría de nuestros paisanos. Eso explica, al menos en parte, el que los gobiernos de todos los tiempos, y el actual se lleva la palma, en entregar por un plato de lentejas la riqueza ecológica y humana de la región. En la actualidad la presencia humanitaria de los Padres Salesianos en el alto Orinoco se ve constreñida por las “concesiones” que no respetan ni vidas ni el ecosistema.
El ensayo venezolano de la república de las letras, de manos de la Compañía de Jesús, se remonta al siglo XVII y fue producto de un concienzudo estudio de lo que se entendía entonces por república cristiana la cual debía ser un modelo de género utópico que debía superar los esquemas diseñados por el viejo mundo. Este curioso proyecto surgió de una comunidad integrada por sabios cuyo pensamiento se desarrollaba más allá de las fronteras políticas y religiosas. Los jesuitas captaron la ruptura que se establecía entre las instituciones educativas que necesitaban ser recreadas y adaptadas a los distintos escenarios europeos, americanos y asiáticos donde tenían asiento las obras de los hijos de San Ignacio. Ello quedó plasmado en la “ratio studiorum” de la Compañía de Jesús. En los territorios de la Provincia del Nuevo Reino de Granada a la cual pertenecía lo que hoy es Venezuela el estudio del humanismo se concretó en la Universidad Javeriana, en los colegios que fundaron los seguidores de Loyola y en las Misiones, en aquel vastísimo territorio de la Orinoquia. Este proyecto naufragó el 6 de julio de 1767 cuando el rey Carlos III de España expulsó a los jesuitas de todos sus dominios.
La clarividencia jesuítica de aquellos tiempos contrasta con la falta de visión actual del rico potencial de nuestras etnias llaneras y orinoquenses. Hay que ir a ellas para entender el proceso germinal de Venezuela como nación, y observar las claves de la historia de los pueblos indígenas venezolanos. Si no recurrimos a las fuentes de nuestros misioneros de antes y de ahora no podemos captar lo que somos. El discurso hueco y repititivo de un indigenismo que es pura ideología. La Compañía de Jesús asumió el reto de la “república cristiana” en las soledades del llano y en lo profundo de la Orinoquia, calificada como “una utopía sofocada” que exige ser sacada de nuevo a flote para bien integral de nuestra sociedad.


