A dos años de la iniciativa “Un Café en el IIES”, el debate sobre el pulso del ecosistema empresarial venezolano sigue tan vigente como apremiante. En un reciente encuentro, expertos diseccionaron la compleja realidad que enfrentan los empresarios, aquellos que, a pesar de los escollos, intentan mantener a flote sus negocios en un entorno económico persistentemente adverso.
El conversatorio se eligió como un espacio crucial para el análisis del intrincado panorama empresarial venezolano, concentrando a figuras de peso como el Ing. José Monagas y el Arq. Marcos Delgado. La experiencia compartida durante el evento permitió desentrañar las complejidades de un ecosistema que, a pesar de mostrar ciertos signos de recuperación, aún se tambalea bajo el peso de desafíos estructurales arraigados. La visión de ambos ponentes convergió en la necesidad de trascender la mera supervivencia, instando a la construcción de un entorno normativo robusto y a un cambio de paradigma en la relación entre los actores clave de la economía nacional.
Treinta años atrás en Venezuela el panorama empresarial aunque con sus propios desafíos y regulaciones, ofrecía un contexto significativamente distinto al actual. Si bien existían problemáticas económicas y políticas, la hiperinflación, la escasez generalizada de bienes y servicios, no era la norma con la intensidad que se vive hoy.
La capacidad adquisitiva de la población era mayor, y aunque la inversión privada enfrentaba obstáculos, aún existía un tejido empresarial más robusto y con mayores expectativas de crecimiento a largo plazo. La migración de talento humano, aunque presente, no había alcanzado las dimensiones masivas de las últimas décadas, lo que permitía contar con una fuerza laboral más completa y especializada dentro del país.
A diferencia de la situación actual que se caracteriza por una economía severamente golpeada, donde la adaptación a la crisis se ha convertido en la principal estrategia de supervivencia para muchos empresarios, con un futuro de recuperación aún incierto y marcado por la desconfianza, la fuga de capitales y material humano capacitado que desarrolle a buen nivel diferentes actividades.
Marcos Delgado, expresidente de Fedecámaras Mérida, no dudó en poner en perspectiva los recientes balances de crecimiento económico. Si bien cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntan a un 3% de expansión en 2024, contrastando con el 9% reportado por el gobierno, El categorizo que el repunte no alcanza a subsanar la profunda erosión acumulada durante más de una década.
El también mencionaba la persistencia de condiciones desfavorables, marcadas por la inestabilidad de los servicios públicos, la expansión de la economía informal, la incertidumbre laboral y un sistema tributario que penaliza la inversión y el crecimiento, comenta sobre un panorama donde la recuperación se antoja cuesta arriba. Su advertencia sobre el «atraso sustancial» que frena aún más la economía venezolana.
Profundizando en las dinámicas del mercado local, las encuestas citadas durante el conversatorio en Mérida revelaron un conjunto de obstáculos que impactan significativamente a una vasta mayoría del empresariado. La debilidad en la demanda de productos, la limitada capacidad de financiamiento por parte del sector bancario, la presión fiscal y parafiscal, las interrupciones en el suministro de combustible y la precariedad de los servicios públicos se alzaron como frenos palpables para el desarrollo empresarial. A esta compleja ecuación se suma la creciente dificultad para encontrar mano de obra calificada, un factor que mina la productividad y la competitividad en diversos sectores.
En este contexto desafiante, la urgencia de un diálogo constructivo y una hoja de ruta estratégica se hicieron aún más evidentes. El llamado a forjar un nuevo marco de relaciones entre el Estado, la empresa privada y la universidad resonó como un clamor por un futuro económico más sólido y diversificado. La premisa fundamental que emergió del encuentro fue clara: el reconocimiento del sector privado como un motor esencial del progreso, despojado de la etiqueta de adversario, resulta indispensable para sentar las bases de un crecimiento sostenible y una prosperidad compartida.
Crismar Márquez – Oliver Zambrano
Estudiantes de Comunicación Social – ULA
15-06-2025




