Toda naturaleza suele presentarse a nuestro espíritu bajo múltiples aspectos inteligibles. Por ejemplo, ante nosotros puede manifestarse la naturaleza de la piedra, de la madera, de la arcilla, del agua, del aire, de las plantas o de los animales. Por lo tanto, a cada una de ellas responde una idea formada en nuestra mente; de este modo, como aprendimos de nuestros maestros y profesores en las aulas, desde el nivel preescolar hasta el universitario, nuestro espíritu comprendió que cada naturaleza posee necesariamente un número determinado de aspectos inteligibles que le son propios. En consecuencia, al trabajarla, resulta improcedente e indistinto considerar que sea esto o aquello sin importar su particularidad.
Para evitar dicha improcedencia (contradicción) al momento de poner nuestro espíritu en condiciones de trabajar tales naturalezas, los maestros y profesores evitaron dejar los conceptos en estado de encubrimiento —pues de haberlo hecho, los habríamos considerado demasiado vagos o herméticos— o encapsulados en meras abstracciones. Por el contrario, los desplegaron en un proceso ilustrado en el cual supieron articularlos unos con otros, volviéndolos manejables para nuestro espíritu. En efecto, la educación de nuestras facultades corporales y mentales nos ha ejercitado para no forjar definiciones independientemente del acto de plasmarlas con ellas, como si las definiciones solo surgieran inmediatamente después del trabajo de las mismas.
Es innegable que, mientras la persona aprende, hay una acción actuante de tales facultades (corporales y mentales); un esfuerzo previo de elaboración intelectual en el que, a la naturaleza de la madera, por ejemplo, se le están aplicando comparaciones, juicios y razonamientos.
Para tornar una figura en la madera, no es lo mismo un corte transversal que un corte horizontal (comparación); y aunque un corte no es igual al otro, tampoco cada uno forma una estructura aislada (juicio), pues no cada cual forja una estética para sí. Para el espíritu, ambos deben converger dinámicamente (razonamiento).
13-08-26
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
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