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Este artículo está relacionado al del pasado jueves, “la persona: Presencia de espíritu”, donde se abordó el primer objetivo, promulgado por el Papa Francisco en referencia al Pacto Educativo Global.

Los días 6 y 7 de marzo de 2026, asistimos en Barquisimeto tanto los directores como los coordinadores de los CTN APEP Santa Elena y San Francisco Javier, de la Diócesis de Acarigua-Araure, localizados en la zona Sur de Acarigua, a un Taller de Formación sobre la misión de APEP en Venezuela, dirigido por los directores y coordinadores a nivel nacional.

En la sesión introductoria escuché esta definición de la Escuela Católica, “es una prolongación de la misión de la Iglesia Católica”. Además, el ponente recalcó, la Escuela Católica “es popular”, o sea, “para todos, y abierta para aquellos que tienen más necesidad”.

Él mismo, después de citar a San Ignacio de Loyola, “un día sin examen, es un día perdido”, abordó el tema del transhumanismo, del cual aclaró: “las máquinas van desplazando al hombre”, no obstante, subrayó esta alternativa: “una de las cosas que nos puede salvar, es el trabajo manual”.

Por ende, de estas pequeñas pinceladas deduzco el epígrafe de este pequeño ensayo, “la escuela católica y el transhumanismo”.

El Concilio Plenario de Venezuela, señaló en referencia a la educación, “proceso dinámico que dura toda la vida de la persona y de los pueblos” (CPV, 2006, Introducción, n.1, p. 364).

Este proceso no configura al educando según los módulos de un aparato. Él expande sus cualidades para el trabajo manual, no al modo de las estructuras de esos mecanismos, sino de acuerdo a la eficacia de su “sistema psicoorgánico”, gracias a lo cual sus esmeros buscan y consiguen tanto “investigaciones teóricas” como “experimentaciones prácticas” (cf. CPV, Introducción, n.10, p. 366).

Todo ser humano, incluso los más vulnerables, cuenta con potencialidades, —por supuesto, éstas no deben nivelarse arbitrariamente—, que impulsan sus esfuerzos para, de un lado, “tomar el propio destino en sus manos y hacerse responsable de su desarrollo” (CPV, 1.1.2.1 Los educandos, n.18, p. 367), y, para, de otro lado, en “la tarea de hacerse persona, consciente y libre”, eviten sentirse y ser considerados “como simples objetos de educación” (CPV, 1.1.2.1 Los educandos, n.19, p. 368).

En esta óptica, al rememorar y reflexionar que una de las cosas que pueden salvarnos del transhumanismo, es el trabajo manual, la formación en él contribuye a que los educandos no sean “más consumidores que creadores y productores” (CPV, 1.1.2.1 Los educandos, n.21, p. 368).

La máquina, tan sofisticada no es deficiente y superficial; pero si el instructor, el estudiante, no la comprende y opera en el sentido de colaboración y complemento, termina siendo lamentablemente deficiente y superficial, sin obtener humana, inteligente, productivamente, lo que a través de ella se le ofrece y él ofrece.

A modo de finta, el transhumanismo parece exigirle a la persona humana en el desarrollo de sus capacidades para el trabajo, un rigor de exactitud y de rendimiento totalmente igual al del dispositivo del artefacto.

Cierto, la Iglesia en la voz del Papa León XIV, subraya: “El punto clave no es la tecnología, sino el uso que hacemos de ella” (León XIV, 2025, 8. Navegando por nuevos espacios, § 9.3).

Abreviaturas:

APEP: Asociación de Promoción de la Educación Popular.

CPV: Concilio Plenario de Venezuela.

CTN: Centro Taller Nuclearizado (funcional dentro de una parroquia).

Referencias:

Concilio Plenario de Venezuela. (2006). La Iglesia y la educación. Documento conciliar n.° 12. Conferencia Episcopal Venezolana.

León XIV. (2025). Diseñar nuevos mapas de esperanza: Carta apostólica con ocasión del LXV aniversario de la declaración conciliar Gravissimum educationis. Santa Sede.

https://press.vatican/salastampa/es/bolletino/pubblico/2025/10/28/281025c.html

12-03-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com