La especulación financiera de Trump

Por. German Rodríguez Bustamante…

Siempre que hay una crisis monetaria internacional de cualquier tipo, inevitablemente se canta la conocida canción que la culpa es de los llamados especuladores y su nefasto dinero rápido. En la prensa y en los círculos políticos este argumento contra los especuladores de corazón negro tiene un gran atractivo. Para la prensa, proporciona una historia con una especie de calidad literaria, un relato del bien contra el mal, y que se convierte en una especie de juego de la moralidad. Proporciona una trama y ayuda a la prensa a desarrollar una historia sobre la maldad de la avaricia. Para los políticos, desplaza la culpa, desvía la atención de los errores de sus políticas y el daño causado por sus intervenciones.

Hoy en día, la mitología continúa creciendo y se ha construido de tal manera que expertos en comercio son llevados a apoyar los controles de capital. El mensaje parece ser: deshazte de los malvados especuladores, antes de que te atrapen.  Estos especuladores están conspirando, planeando, se debe construir defensas ahora, mientras aún hay tiempo. La literatura de tal pensamiento también es duradera. El libro de Charles Kindleberger Manias, Panics and Crashes ha pasado por varias ediciones y relata la historia de los pánicos financieros y los colapsos de la historia humana. Y Edward Chancellor concluye su nuevo libro Devil Take the Hindmost, como una fuerza anárquica, la especulación invita a las restricciones del gobierno, pero es sólo cuestión de tiempo antes de que se deslice sus cadenas y se desate.

Los lectores se quedan con la creencia de que el mundo de las finanzas es un gran monstruo irracional fuera de control que necesita ser puesto bajo nuestro talón y atado por la correa del benévolo banquero central que domesticara y domará a este animal salvaje. Sin embargo, para el hombre medio no está claro que el especulador de éxito contribuya en algo al bienestar del mundo a modo de compensación por sus ganancias financieras. Es una consideración superficial, que las operaciones especulativas no benefician a la sociedad, se cree comúnmente que tanto en la especulación como en el juego las ganancias de los que tienen éxito sólo compensan las pérdidas de los que no lo tienen. No es de extrañar que los especuladores conocidos nunca hayan sido figuras populares. Los principales servicios que prestan los especuladores son asumir riesgos, acelerar los ajustes del mercado y proporcionar liquidez. De esta manera, los especuladores ayudan a que el mercado funcione de manera más eficiente.

El punto es que la especulación en sí misma, la mera compra y venta con fines de lucro, no es un mal. Es un componente necesario de un mercado eficiente y fluido. Además, los seres humanos no son iguales y la opinión puede cambiar rápidamente, especialmente en los mercados financieros. Grandes colapsos pueden ser provocados por errores de juicio que se revelan sólo después de que se han producido. Nadie puede predecir cómo será el estado futuro de un mercado. Los resultados electorales en Estados Unidos dispararon los mercados financieros, pero únicamente localmente, no existió efecto contagio en otros mercados globales, por el contrario en algunos de ellos se fueron en contravía. Las acciones alcanzaron máximos históricos, el dólar se fortaleció a su punto máximo en años y los rendimientos de los bonos gubernamentales se dispararon tras la victoria decisiva del presidente electo Donald Trump.

Lo que se observa es una reacción visceral a un resultado sorprendente, tomando en cuenta lo reñidas que estaban las encuestas, los mercados están reaccionando positivamente a una victoria decisiva y holgada. Los mercados bursátiles de EE. UU. habían subido de forma constante durante la noche mientras los votos eran contados, y se dispararon al alza en la apertura de las operaciones del miércoles. El índice S&P 500 subió un 2.5 por ciento, al igual que el Nasdaq Composite, de gran peso tecnológico. El Dow subió un 3.6 por ciento. El Russell 2.000, que sigue a empresas más pequeñas consideradas más sensibles al destino de la economía, subió casi un 5 por ciento, su mayor alza en un día en aproximadamente un año. El bitcóin subió y llegó a niveles récord, Trump en campaña prometió poner fin a la presión reguladora del gobierno de Biden contra las criptomonedas y establecer a Estados Unidos como la capital cripto del planeta.

Todos los anuncios previos al triunfo prendieron las alarmas de los especuladores e impulsaron su apetito de buscar ganancias inmediatas, obviamente de concretarse la promesa, pues los mercados buscarán su equilibrio desinflando algunos valores. La reducción de las tasas de interés por parte de la FED, es posible que esté en conflicto con las promesas de TRUMP, elevando los niveles de inflación que parece controlada. Existe mucha incertidumbre sobre el desempeño de un segundo mandato de TRUMP, lo cierto es que su visión proteccionista y de estímulo a las empresas americanas es indiscutible. Esto ha generado alguna preocupación en mercados y países con una alta vocación exportadora hacia el mercado americano, la posibilidad de aranceles que deriven en guerras comerciales no está descartada.

Por otro lado, el regreso de Trump al poder significa un reajuste violento de la superestructura política para corresponder con la realidad de las relaciones sociales, en las que una diminuta oligarquía financiera domina todas las relaciones económicas y sociales. Los nombramientos del gabinete realizados hasta la fecha por Trump han confirmado rápidamente esta tesis. Los señalados hasta el momento son los representantes más virulentos de la agenda de Hacer Estados Unidos Grande Otra Vez, que busca establecer formas dictatoriales de gobierno. Esto se ejemplifica con la nominación del congresista de Florida, Matt Gaetz, para el cargo de fiscal general, así como de miembros de la propia oligarquía financiera. El carácter esencial del nuevo régimen como una dictadura abierta del capital financiero se resume en el nombramiento del jefe de Tesla, Elon Musk, el hombre más rico del mundo, y del magnate de la biotecnología y las finanzas, Vivek Ramaswamy, que se estima que tiene un patrimonio neto de mil millones de dólares, para dirigir un Departamento de Eficiencia Gubernamental. Esto pareciera un gobierno para que los tiburones financieros especuladores se coman todas las sardinas del mercado, profundizando las desigualdades en una economía en crecimiento. 

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