Sobre la existencia de Dios

Por: Ramsés Uribe…

Tanto en las clases universitarias que impartimos en nuestro segundo hogar, pues dónde va a ser, sino en la Universidad de los Andes, ULA, ocasionalmente los bachilleres (léase: estudiantes), profesores, apreciados(as) colegas, empleados, amigos y gente desconocida y supremamente curiosa o mejor, interesada espiritual o cognoscitivamente, nos preguntan inquietos a veces, burlones o escépticos otros, acerca de la existencia de Dios.   

Muy a pesar de los declarados ateos, tenemos malas noticias para ellos, apreciados amigos agnósticos que, sobretodo, han contribuido a alentar el debate filosófico sobre este tema verdaderamente trascendental para la circunstancia histórica y crucial de la humanidad entera.

Las pruebas de la existencia de Dios están disponibles en nuestra era de la información abrumadora. Están ahí a la mano, de forma sencilla, directa y tan veloz como lo que demora un click en el computador, o el ordenador como dicen los españoles. Es recomendable que todo interesado navegue en las aguas profundas del conocimiento de google en internet y allí puede hallar información superactual sobre este tema ultraimportante para paliar o mejor erradicar definitivamente la crisis espiritual, social y ética del mundo.

Pruebas filosóficas. Estas han corrido a lo largo de muchos siglos, apareciendo y ocultándose de cuando en vez, para continuar la polémica discusión. Estas pruebas de la existencia de Dios se subdividen en teleológicas, ontológicas, cosmológicas y  por el designio, según una de las clasificaciones dadas por el filósofo español, Ferrater Mora (2004).

En este contexto, Aristóteles afirma que Dios no es algo material, es la causa definitiva ( final y eficiente) de todo, pues sino habría una serie infinita de causas y eso no sería posible. Dios es el ser que causa y mueve todo el universo sin cesar. Otra prueba más famosa que la aristotélica, es la de San Anselmo de Aosta: el bien absoluto y la perfección de la Divinidad y la existencia del concepto de Dios en los ateos, aunque ellos no lo saben. También están en este top ten divinal, las cinco vías de Santo Tomás: por el movimiento, por la causa eficiente, por lo posible y necesario, por los grados de perfección y por el gobierno del mundo. En la edad media tenemos la prueba de Juan Escoto. Además están las tesis de Leibniz, Descartes, Pascal, Hegel, en la etapa moderna. En el siglo 20 ha imperado mayormente no tanto las pruebas filosóficas sino las científicas de la existencia del gran arquitecto del universo, que si bien no pueden demostrar la existencia física del Todopoderoso como un ser tangible, señalan milagros y hechos sobrenaturales o que coinciden con aquello afirmado dogmáticamente por la religión.  

Pruebas históricas. Entre los documentos históricos que describen hechos bíblicos se tienen los estudios de Josefo, siglo I, DC, después de Cristo,  investigador considerado muy confiable de la historia de la antigüedad, tiene un estudio sobre el Hijo de Dios, en el que se corrobora su biografía tal como está señalada en la Biblia. Otro también muy valioso es el de Plinio el Joven, año 111 DC. Asimismo el historiador romano más destacado del siglo I, Tácito, describe una referencia de Jesús fuera, independiente,  del Nuevo Testamento.

Pruebas científicas. Surgen en el siglo XX y se extienden hasta nuestros días en pleno siglo 21. Lo más inquietante es el ateísmo e incredulidad de la gente a pesar de la multiplicidad de pruebas científicas que ratifican la existencia de Dios, empleando una compleja y variada metodología científica como lo es el instrumental con tecnología de punta, experimentos físico-químicos, simulación computarizada, imagenología, recolección de datos con instrumentos sofisticados y tradicionales, etc.

Una de las pruebas más impresionantes que demuestra la muerte y resurrección de Cristo, por tanto su existencia real en la sociedad judía, es la del santo sudario de Turín y por extensión la del sudario de Oviedo. La mortaja de Cristo ha sido fuente de acalorados debates en los mass media internacionales desde los años 70s hasta nuestros días. Los resultados, según recopilación de muchas investigaciones, publicadas en 2016: no se ha podido probar la falsificación de la sábana santa; se encontraron marcas y traumas físicos propios de una crucifixión que coincide con lo señalado en la Biblia, aunque con características extraordinarias tales como, la imagen se produjo por radiación corpuscular o electromagnética sin contacto, y tiene propiedades tridimensionales, el tejido de la sábana proviene de la región sirio-palestina del siglo I, se halló polen del mismo lugar, entre otros abundantes hallazgos. Fuente disponible en: http://forosdelavirgen.org/4170/el-santo-sudario-de-turin/.

Por lo tanto a estas alturas de la historia y del campeonato de la vida es absurdo el ateísmo, pues demuestra una total ignorancia y sensibilidad espiritual, aparte de desconocer el inmenso tolete de información al respecto. Ya es hora de cambiar el mundo inmerso en tanta maldad, conflictividad y violencia e injusticia social, debido a la  manera retrógrada de pensar, hablar y actuar como si fuésemos seres carentes de ética, racionalidad y cultura. Indudablemente la verdad puede hacernos libres, como lo sentencian las Sagradas Escrituras, en Juan 8:32.

Ramsés Uribe, profesor Nuvm de la ULA

Correo: ramaseum@yahoo.com

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