La pedagogía básicamente comprende el empuje a la realización de innovaciones nuevas: solucionar problemas, proponer soluciones, revisar y obtener información de libros, artículos de revista, periódicos, videos, sintetizar información.
Estas garantizan correspondencia con la necesidad esencial de novedad propia de la inteligencia humana.
De tal forma, el maestro, el profesor, apoyado en las distintas asignaturas afines a los niveles educativos, transmite inspiración creadora.
Los factores de la realidad, iluminados con la descripción del instructor a sus alumnos en proporción con las lecciones, desarrollo integral, lenguaje, matemáticas, ciencias sociales, técnica, universitaria, tienen la primicia de un conocimiento nuevo.
Es decir, el alumno no dirá “en absoluto” que en su entorno hay palabras, elementos, plantas, flores, animales, que no ha sabido ver.
En la mente, tanto del mentor como del estudiante, hay un “trayecto continuo” de lo real a lo imaginario y viceversa.
También hay en tal tarea —trayecto continuo de lo real a lo imaginario y viceversa— una multiplicación de experiencias de transformación —mezcla de colores, de sonidos, de compuestos de sustancias— en la cual descubren que la imagen, cual molde para dicha transformación, es una buena conductora de lo real.
De este modo, incluso el niño de preescolar aprende a llamar al objeto por su nombre.
Él ya proyecta impresiones íntimas sobre el mundo exterior.
En efecto, hay lecciones con las que el maestro, el profesor, pedagógicamente se familiariza y domina; y “se familiariza y domina”, porque tales cátedras tienen leyes de índole ideal tan seguras como las leyes experimentales.
Así, la experiencia de innovar en la pedagogía consiste en que, en la enseñanza de tales leyes, definiciones, conceptos, al alumno le dinamizan la intimidad con lo real, despertándole contemporáneamente “su ser íntimo”.
Es decir, le cercioran de alguna definición, porque le enseñan a establecer en su inteligencia —en la intimidad del ser de la misma— que la definición y las cosas contraen inevitablemente una coordinación concreta.
En fin, lo bosquejado sobre el título, “la experiencia de la innovación en la pedagogía”, resalta que, a los objetos ni el maestro, ni los estudiantes, le piden alguna innovación, ya que las leyes de cada asignatura, de primaria, secundaria, universitaria, pueden ayudarles a explorar y determinar cómo con su evolución psíquica humana, el hombre ha experimentado “sinceramente” sus imágenes, permitiéndole al mismo tiempo que lo desvelado en ellas, en sus palabras evidencie un singular beneficio creador.
Estoy convencido que esta “evidencia”, tanto en el maestro como en el estudiante, justifican “las esperanzas que no pueden engañar”.
19-02-26
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com




