Por: Fernando Luis Egaña…
¿Qué pasa cuando el 80% y más de la población de un país rechazan a los que desgobiernan y aspiran un cambio de fondo, que éstos se niegan a permitir? Pues pasa lo que está pasando en Venezuela. Que los que desgobiernan, Maduro y la hegemonía que representa, se han colocado frontalmente en contra de las legítimas aspiraciones del conjunto de la nación. No es poca cosa…
Al contrario, es el desgobierno por la fuerza represiva en todos los ámbitos. Entendámonos, la hegemonía roja es despótica y depredadora desde hace añales, pero en otras épocas eso no le importaba mucho a mucha gente, porque había más recursos que repartir y las expectativas al respecto, hay que decirlo, ablandaban demasiadas conciencias.
Pero todo ello terminó por arruinar la economía y derruir los derechos humanos. Venezuela es un país sumido en una grave crisis humanitaria, y las llamadas “instituciones públicas”, casi todas, son piezas en el engranaje de la hegemonía que, debe repetirse, es ya rechazada por el 80% y más de los venezolanos. Pero nada, al poder establecido lo único que le interesa es el continuismo.
La manipulación de la solicitud de referendo revocatorio lo demuestra con abierto descaro. O más bien lo confirma, porque no hay sorpresas en la materia. Se sabía que tal manejo inconstitucional ocurriría, tal y como ocurrió –acaso más habilidosamente—cuando el primer “proceso revocatorio”, por allá en los años 2003 y 2004.
La hegemonía que tiene secuestrada la voluntad popular de Venezuela, es una neo-dictadura, o una dictadura disfrazada de democracia, sólo que ese disfraz le queda cada vez más apretado, y la caricatura de todo lo que sea supuestamente democrático es más ostensible e incluso grotesca. Pero si no encuentra una “determinación determinada” –como decían los Jesuitas—en la acera de enfrente, la hegemonía seguirá atrincherada en su poder.
El país necesita salir del abismo para que reconstruya su viabilidad de nación independiente, capaz de ofrecerle un futuro digno y humano a su población. Si por Maduro, el TSJ o el CNE fuera, eso no ocurriría nunca, y no les importaría un bledo que Venezuela siguiera cuesta abajo en la rodada, mientras ellos y ellas mantuvieran sus posiciones de privilegio e impunidad.
Por eso, entre otras razones, la hegemonía está en contra de Venezuela. Y la está destruyendo para prevalecer sobre sus ruinas.
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