La inflación dolarizada

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

Los precios en Venezuela bailan al ritmo de los dólares y los pesos colombianos, su impacto dependerá del área geográfica en el cual se hagan los arbitrajes. Cada uno suena distinto y más que música producen estruendos en la mente de la mayoría de los venezolanos, a quienes el desbarajuste económico provocado por el régimen los deja cada vez más confundidos y lo que no tienen discusión: más empobrecidos. En la mente de la mayoría de la población el dólar es sinónimo de estabilidad, por lo que si se ve un precio fijado en esa moneda se supone que no tendrá variación. Además, que, si se tiene, aunque sea unos billetes verdes en el bolsillo, se tiene mayor poder adquisitivo, porque a fin de cuentas el bolívar no sirve para comprar casi nada. Lo cierto es que los valores fijados en dólares, en este desorden consentido por el régimen también suben, con lo cual la supuesta estabilidad de la divisa en Venezuela, queda desbaratada. Por ello expresiones como: “Venezuela es el único país donde se devalúa hasta el dólar” se ha convertido en parte de la narrativa cotidiana de los ciudadanos.

En una economía en la que la divisa sustituye a la moneda nacional. Las operaciones de compraventa de un bien o servicio en divisas implican, por una parte, tener en cuenta su precio en moneda nacional y el valor del tipo de cambio; y por la otra, comparar el pago en divisas de dicho bien con el precio que se pagaría si el mismo fuese importado. En ese proceso, la gente tiende a pensar que el monto que paga en divisas por el bien es exactamente equivalente a su precio en divisas y eso no es necesariamente así. Aunque el tipo de cambio nominal se ha ido depreciando (cada vez más bolívares por un dólar), no lo ha hecho con la misma rapidez con la que aumentan los precios en bolívares; razón por la cual, las personas deben sacrificar más dólares para adquirir un mismo bien. Lo que ocurre de verdad es que la inflación de los precios en bolívares es mayor, en relación con la depreciación cambiaria, es conclusión se requiere mayor cantidad de dólares para adquirir un bien o servicio. Obviamente también en la ecuación está presente un ansia especulativa del vendedor, por la incertidumbre reinante en el país.

Ese espacio que hay entre la inflación y la variación del tipo de cambio, es donde se produce la ilusión de la “inflación en dólares”, porque los precios en bolívares se mueven más rápido que la tasa de cambio, dejando a esta rezagada. Cuando existe correcciones de precios por alzas aceleradas de la tasa de cambio, en el momento que la tasa de cambio se estanca los precios en bolívares no se detienen, siguen creciendo, no hay ajustes a la baja por la desaceleración de la tasa de cambio, el precio del bien o servicio en divisas se estanca y cuando aparece una nueva presión de la tasa de cambio lo presiona, y el precio en divisas se mueve intentando nivelar el desbalance nuevo. Es un juego perverso que termina empobreciendo cada día mas a una población abandonada. Es por ello que las remesas afectadas por la pandemia, se ven devaluadas por el contexto económico interno, haciéndolas insuficientes y precarias.

Para colmo de males estos improvisados gestores económicos, en los últimos tres años incorporaron elementos que enredan las cuentas: la hiperinflación, la reconversión monetaria y la dolarización informal. A esto hay que sumarle iniciativas fracasadas del régimen como el Petro. La gente se confunde en cuánto le cuestan las cosas. Tenemos los tres sistemas funcionando paralelamente, el sistema de bolívares, la reconversión mental y el sistema de los dólares. Es por ello que se abrevia para simplificar la operación, realizando una nueva reconversión, pero mental. Adicional, si tratas de convertir una cantidad a dólares, hay que estar al día con el tipo de cambio de la mañana o de la tarde. Amén de decidir cuál referente vas a utilizar, sea alguno de los que indican el paralelo o el que publica el BCV. A todo esto, se le suma la inexistencia de divisas de menudeo para el cambio, el redondeo de los precios se hace hacia arriba, alimentando también la inflación dolarizada. Realidad que obliga al consumidor a gastar más de lo planificado, acabando con la previsión financiera en este contexto de una profunda estreches, en la cual un solo dólar vale.

En definitiva, los venezolanos trasformados en ciudadanos con una enorme maleabilidad mental, para poder asimilar un contexto tan complicado para lograr determinar un precio y decidir en el momento que y como comprar. Triste la realidad de los adultos mayores, dependientes de pensiones y bonos en bolívares. Sector extremadamente vulnerable, ya que ni efectivo en bolívares pueden conseguir por la destrucción de la estructura bancaria. Maduro y sus asesores piratas asigna bonos, incrementando la masa monetaria con la misma cantidad de billetes en circulación, con lo cual el costo de oportunidad del efectivo se incrementa. Dolarizando aún más la economía nacional, los billetes en dólares de baja denominación comprados a valores superiores, para lograr perfeccionar los intercambios. La manipulación de los mismos al circular en la economía produce un deterioro natural, limitando y elevando el costo de los bienes y servicios, como consecuencia de la inexistencia del vuelto. Hay un pequeño grupo de gente privilegiada que es capaz de manejar los cambios de dólares, euros en efectivo, en Zelle, en transferencias internacionales, en criptomonedas. Tienen una excelente red de contactos, muchísima flexibilidad cognitiva, muchísimo manejo de los temas económicos, esas son las tres cosas fundamentales que permiten sobreponerse a esta situación; pero en general, la mayoría de la población está absolutamente incapacitada para lidiar con tremendo desastre.         

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22-02-2021