Por: Rocío Márquez…
Las elecciones universitarias han puesto sobre la mesa un debate que merece nuestra atención. El uso de inteligencia artificial en las campañas de los candidatos ha generado cuestionamientos y contradicciones. Mientras algunos utilizan estas herramientas para producir contenidos, también critican su utilización por parte de sus adversarios.
Sin embargo, más allá de esta controversia, deberíamos preguntarnos si la universidad está preparada para enfrentar las transformaciones tecnológicas del mundo.
La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra vida cotidiana. La utilizamos para producir imágenes, buscar información y resolver problemas, entre otras tareas. Pero su avance contrasta con la lentitud con la que nuestra institución educativa responde a estos cambios.
IA: ¿Cuál es el desafío de la Universidad?
Recientemente leí una entrevista publicada por el Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación del Tecnológico de Monterrey a Vicente Atxa Uribe, rector de Mondragon Unibertsitatea, en España. Sus reflexiones invitan a pensar que el desafío universitario no consiste únicamente en incorporar tecnologías, sino en transformar la manera de enseñar y aprender.
Pero hay que ser sinceros sobre nuestro contexto. Mientras otras universidades en el mundo discuten cómo integrar la inteligencia artificial a sus modelos educativos, en nuestras aulas todavía faltan recursos básicos. No contamos con Internet, por ejemplo; y, en ocasiones, ni siquiera con un proyector para impartir una clase. Mucho menos con herramientas institucionales de inteligencia artificial.
Por ello, quienes resulten electos para dirigir nuestras Universidad deberán superar visiones anticuadas de la tecnología. También tendrán que buscar opciones frente a las limitaciones presupuestarias.
Hoy existen herramientas de inteligencia artificial con acceso básico gratuito. La falta de computadoras no puede convertirse en una excusa permanente. Así que corresponde a la nueva administración universitaria gestionar recursos y acuerdos que faciliten su acceso a profesores, estudiantes y empleados.
Necesitamos abrazar la tecnología en lugar de resistirnos a ella. Desestimar la inteligencia artificial supone arriesgarnos a condenar a nuestra universidad a una especie de edad de las cavernas tecnológicas. No se trata de aceptarla sin cuestionamientos, sino de experimentar con ella para comprender sus posibilidades y limitaciones.
Solo así podremos avanzar hacia discusiones como la que plantea Atxa: cómo transformar la educación y preparar a los profesionales del futuro.
Carreras para un mundo que está cambiando
Debemos agregar que no solo falta acceso tecnológico. La inteligencia artificial transforma profesiones, crea nuevas ocupaciones y modifica nuestra manera de trabajar. Por ende, urge la actualización curricular.
Renovar nuestras carreras no puede seguir limitándose a incorporar en los programas de una asignatura contenidos sobre IA. Necesitamos revisar las competencias que desarrollamos y preparar profesionales capaces de desenvolverse en un mercado laboral global donde personas y sistemas inteligentes colaborarán cada vez más.
Desde la comunicación, sabemos que las tecnologías transforman nuestra manera de producir conocimiento y relacionarnos. Por tanto, no se trata de tenerle miedo a la IA ni de satanizarla, sino de aprender a usarla críticamente y entenderla.
Quizá las elecciones universitarias sean una oportunidad para trasladar la discusión de las elecciones a las aulas. Pues el debate no debería girar alrededor de quién está usando IA en la campaña, sino acerca de ¿quién está pensando en preparar la universidad para un futuro cada vez más influido por los algoritmos?
*Comunicadora social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora de la Universidad de Los Andes, Táchira.
20-10-2026
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