La intuición del tiempo conduce a decirnos a nosotros mismos algo sobre su propiedad.
El tiempo, en tanto que creatura, recibe una propiedad por la que preestablece un límite: a sí mismo y a quien lo estudia, lo piensa, y esto, claro está, padeciéndolo.
El conocimiento “del tiempo”, ¿emana de él o de nuestra intuición?
Lo radical es que no observamos nada de más a lo que “por tiempo” observamos.
Esto es, observamos su naturaleza estrechamente vinculada a la nuestra.
El tiempo impele a decir siempre cuánto es según su naturaleza.
Si el tiempo careciera de “propiedad”, ¿cómo haríamos para vivir sin él en el orden del cosmos?
No podríamos vivir, porque en el fugaz pensamiento de existir sin él en el orden del cosmos, ni aun “no-es” como para constatarlo y afirmar: rápidamente desvanece.
Y esto lo intuyo, porque parafraseando a Marco Aurelio, estoy “aquí y ahora” escribiéndolo, sin recurrir a alguna IA que me ordene la conceptuación anterior.
La capacidad del pensamiento logra en la aprehensión del tiempo la aprehensión de un hecho natural, y, sin duda, ésta inevitablemente útil a nuestra naturaleza (cf. 2024, 46-47).
La capacidad de distinguir entre el tiempo y su específica naturaleza está en el mismo hombre.
Tal distinción, entre el tiempo y nuestra peculiar naturaleza, ocurre en un instante brevísimo.
El presente, refiere Marco Aurelio, “es igual para todos”, y así parece “un instante” (cf. 2024, 48).
Si no contamos con una propiedad llamada tiempo, ¿cómo podríamos asegurar existe, o, no existe?
El tiempo es totalmente útil al ser humano.
En consecuencia, por la habilidad de reflexionar no podemos ser completamente ingenuos hasta que reconozcamos al tiempo como una entidad atormentadora dentro de nosotros mismos y posteriormente lo idolatremos.
En efecto, el tiempo no procede de los hombres, mucho menos de las nominadas IA, por eso es desaconsejado considerarlo al modo de la diferencia entre blanco y negro.
La distinción entre hombres, el producto de su inteligencia, las IA, y el tiempo, es una distinción de la cual podemos privarnos a medida que paralelamente estemos leyendo esto, y, sin embargo, tal distinción, referida a los hombres, a su producción técnica y al tiempo, nos hace experimentar de éste en él, como afirma Marco Aurelio, que «aquello que no se posee no se le puede perder» (2024, 48).
Cuando poseemos el tiempo en breve desciframos de dónde somos poseídos, y sin pausa su misma naturaleza nos pide garantizar: de donde él mismo ha venido a ser.
Referencias:
Marco Aurelio. (2024). Colloqui con sé stesso. (Luca Civitavecchia, Trad.). Giunti-Barbèra Editore.
29-05-25
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com



