Ante un libro tenemos una realización concreta: todo lo relacionado a cuanto el autor del mismo ha querido plasmar. Él ha imaginado, ha reflexionado en profundidad un proyecto, lo ha robustecido de veracidad con la lectura y finalmente lo ha plasmado en palabras, frases, párrafos, argumentos.

Ahora bien, antes de escribirlo seguramente se ha preguntado: ¿Pasará incuestionado? Considero que todo autor, escritor, artista, con sus invenciones teóricas, prácticas, ha pretendido representar la realidad, porque su representación, además de buscar un concepto puro de algún tema, ciencia, espiritualidad, teología, filosofía, derecho, cultura, folclore, ha debido escrutar diligentemente sus ideas: si estas son inaplicables al mismo, si a la posteridad de lectores lo serán.

Por ende, el deseo de la búsqueda de eficiencia hace que la mente, aunque atravesando tumultuosas alternativas entre lo verdadero o lo falso, en su sentimiento de nostalgia por lo imposible, con la realización de los nobles ideales persigue, impulsada de imaginario conceptual, estético, religioso, el esclarecimiento de la huella de lo ausente en la presencia (por ejemplo, la voz de un autor conocido resuena en la mente del lector, volviéndolo a hacer «presente» a través del sentido de las palabras).

La lectura nos permite ser sujetos sujetados a las teorías prácticas, a los diálogos y a los valores espirituales, culturales. En estos aspectos de la vida humana empiezan a despuntar inspiraciones para más hallazgos en muchos niños, adolescentes, jóvenes, pues el autor que los inspira trata en lo posible de no asumir la nostalgia de lo imposible como un dilema irresoluble; al contrario, de la pugna entre las estrategias y el azar conscientemente se comienza a establecer la coherencia con una creatividad plena de sentido. Cierto, la lectura nos conduce a un enriquecimiento de nuestros ideales accesible, pues él se da en la confrontación de los mismos con la experiencia vivida.

En fin, la lectura nos enseña a no creernos dueños de la verdad, y, mucho menos, que, por leer a un escritor que ha vislumbrado algo de ella, su lector pueda prescindir de su aporte a la misma.

17-09-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

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