Estamos en cuarentena preventiva ante el coronavirus, un huésped indeseable que se instaló en el mundo entero, en cada calle, en cada pueblo, en cada plaza, y que ha hecho que la gente, para evitar el contagio, deba quedarse en sus casas. No es nada fácil aceptar de buen grado el confinamiento aun a sabiendas que las barreras sociales son la medida más positiva y recomendada por los servicios de salud para no dejar que el virus entre también en tu casa, y mucho menos en tu vida y la de los tuyos.
Venezuela también está cumpliendo su cuarentena aunque por las condiciones muy particulares que enfrentamos, carecemos de muchos servicios que harían del confinamiento algo más llevadero.
Como casi nunca contamos con un suministro eléctrico de calidad que no nos permite utilizar los dispositivos electrónicos y /o computadoras para entretenernos, los libros –afortunadamente- han vuelto a su sitial de honor como compañeros inseparables en tiempos de clausura.
De pronto, otros apagón. La vida se nos queda en pausa obligatoria porque hay muchas actividades que no podemos realizar cuando no hay electricidad, entonces… ¿qué hacer para aguantar sin desesperación las largas horas vacías, pesadas, aburridas que están por venir? Buscar un libro y sumergirnos en él para que al igual que si nos montáramos en una alfombra mágica nos lleve, lejos, muy lejos, a donde queramos ir; a conocer lugares, historias, pensamientos, costumbres, personajes, épocas, religiones, culturas amores que terminan bien y otros que no tanto.
Los libros, tienen la cualidad, entre muchas otras, de transportarnos hasta donde el corazón y las ganas nos lleven. Durante el tiempo que dure nuestra lectura, poco o mucho. eso depende de usted, nuestra respiración estará acompasada con las páginas de nuestro libro. Enteraremos en ese mundo, sin peligro de ataques de virus. Estaremos imbuidos en primaveras, veranos inviernos otoños, lluvias, tormentas o sequías. Con nuestro libro, podremos llorar, dialogar, disentir, sonreír y por qué no hasta pelear con el autor porque su relato no terminó como nos hubiera gustado.
El refugio en el claustro.
La lectura es un refugio seguro porque lo abstrae de los padecimientos del día a día. Su tiempo de lectura no deberá ser interrumpido por mensajes de whatsapp con esa tormenta de información que lo pone nervioso. En su claustro, con su libro, usted podrá conocer de la mano de los mejores autores, a, por ejemplo, Alonso Quijano un hidalgo -es decir, un noble sin bienes y de escala social baja-, de unos cincuenta años, que vive en algún lugar de La Mancha a comienzos del siglo XVII. Usted, a través de la lectura vivirá junto a él y a su fiel escudero Sancho Panza, todas las aventuras fantásticas de caballeros, princesas, magos y castillos encantados que hicieron famoso a Don Quijote de la Mancha –
Igualmente podrá tener, un encuentro con un fantasma de verdad gracias a la pluma de Oscar Wilde quien escribió su famoso Fantasma Canterville. O releer El Diario de Ana Frank, una niña judía de 14 años quien fue redactado casi día a día las vicisitudes de la ocupación Nazi.
Son al menos 100 libros
En fin son tantos los libros que usted puede leer en tiempos de cuarentena que no hay excusas para no empezar ya, apenas se vaya la electricidad, que seguro será muy pronto. Tal vez usted los tienen en su biblioteca pero no había tenido tiempo de leerlos, o los tiene un amigo y se lo puede prestar, eso sí, por favor, jamás aplique aquello que dice:” «tonto es quien presta un libro, y más tonto el que lo devuelve».
Las librerías de la ciudad, aun cuando están cerradas por la cuarentena, lo pueden atender en forma personalizada, en fin decídase a disfrutar de su libro y su lectura, ya verá cómo las horas oscuras del día, tendrán la luz de las páginas de los libros que como faros iluminan nuestra existencia, nos enseñan y nos ofrecen un refugio delicioso para pasar la cuarentena.
Arinda Engelke. C.C.


