Por: Fernando Luis Egaña…
No le tengo mucha confianza al señor Thomas Shannon, emisario oficial de gobierno de Obama para Venezuela. ¿Por qué no le tengo mucha confianza? Pues porque la misión de Shannon es que Venezuela no sea un dolor de cabeza para la Casa Blanca, que no figure en la lista corta de los problemas de la política exterior de Estados Unidos. En otras palabras, Shannon es como un bombero diplomático que se aparece para apagar cualquier fuego, incluso cualquier chispa, que, según los gringos, puedan enredar más la terrible situación de nuestro país. Pero en lo que respecta a la aspiraciones y derechos democráticos del pueblo venezolano, el señor Shannon pensará –aunque no lo diga—que ese es un tema que no le incumbe.
No obstante lo anterior, en estos días el emisario de Obama y Kerry dijo que “el gobierno venezolano tiene en sus manos la llave del éxito del diálogo”. Y pienso que tiene razón, aunque probablemente por razones distintas. Me explico: la hegemonía roja ha montado una jaula “institucional” en Venezuela; le tiene puesto un candado a la cerradura de jaula, y tiene las llaves bien guardadas, acaso en La Habana. De eso se trata la neo-dictadura o la dictadura disfrazada de democracia. ¿Se traerá las llaves para abrir el cerrojo y por lo tanto la jaula? No, no creo que lo vaya a hacer. Al menos no por obra de la puesta en escena que algunos denominan “diálogo consensuado”.
“La llave del éxito”, como la llama Shannon impidió que se realizará el referendo revocatorio en su oportunidad constitucional. También impidió que se llevaran a cabo las elecciones regionales. Y desde luego que tiene trancada a la Asamblea Nacional y prácticamente a punto de cerrar sus puertas, ya en sentido literal. No parece, entonces, que la vayan a traer para abrir el camino de un diálogo de verdad verdad, es decir uno que impulse un cambio de fondo, o que permita el inicio de una nueva etapa en la trayectoria venezolana.
Eso lo tiene que saber de sobra el señor Shannon. Por eso se lava las manos con la figura de las llaves. La hegemonía no abrirá la jaula institucional mientras pueda evitarlo, por las malas o las peores. Y así el diálogo se transmuta en un aliado de esas pretensiones. La auténtica “llave del éxito” no está en una mesa en un salón aclimatado donde lo que prevalece es el monólogo oficialista. No. Está en la presión popular, plenamente constitucional y plenamente justificada.
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