Es frustrante ver cómo una simple tarde de lluvia convierte nuestras calles en ríos improvisados. Es fácil culpar al gobierno cuando se tapan las alcantarillas, aunque sea quien tiene el deber de mantenerlas limpias y sin basura, pero si miras bien lo que flota en esas inundaciones, es por la culpa de algunos que tiran en las calle botellas de plástico, envoltorios de chucherias, bolsas y hasta mascarillas. Basura en la calle + lluvia fuerte = alcantarillas tapadas.
A veces escucho a mis compañeros de clase decir «es solo un papel, no pasa nada». El problema es que somos miles pensando que nuestro «papelito» no cuenta. Pero la conciencia ciudadana no es un examen que pasas en el colegio; es entender que mis acciones individuales afectan el bienestar de todos.
Tirar la basura en su lugar, esperar a llegar a casa para desechar ese envase, o incluso recoger algo que vimos tirado, evita que nuestra ciudad se convierta en un basurero. Si el pote de basura está lejos, el bolsillo del morral es tu mejor aliado temporal. A veces nos toca a nosotros recordarles a nuestros padres o tíos que no deben tirar colillas ni basura por la ventana del carro.
También podemos usar las redes sociales para algo más que memes. Si ves una alcantarilla tapada antes de que empiecen las lluvias fuertes, repórtala a las autoridades locales. Un simple mensaje puede evitar una inundación.
La lluvia debería ser sinónimo de vida y frescura, no de desastre y mugrero. Tener conciencia ciudadana es, básicamente, dejar de ser parte del problema para convertirnos en la solución.
No esperemos a que el agua nos llegue a las rodillas para darnos cuenta de que nuestra ciudad nos está pidiendo un respiro. Cuidar la calle es cuidarnos a nosotros mismos.
Marco Antonio Sosa Villamizar
Estudiante de 3er año de bachillerato
Colegio Micaeliano-Mérida
03-05-2026 (143)




