La miseria colectiva

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

La miseria implica no disponer con los recursos necesarios para satisfacer las necesidades materiales elementales. En otras palabras, las personas que se encuentran en miseria no tienen dinero para compra alimentos y medicamentos, ni tampoco para acceder a educación, salud y servicios básicos. En el caso venezolano la miseria no se limita a la material, también se expresa en la falta de valores, de afectos e incluso de caridad hacia los demás. Desafortunadamente la revolución inculco una cantidad de antivalores, que produjeron una sociedad caníbal, en la mayor expresión de miseria humana colectiva. Stephen King publica en 1.987 una novela conocida como “Misery”, que enmarca dentro del género de terror. Cuenta la historia de un escritor que sufre un accidente de coche y que es rescatado del mismo curiosamente por una de sus fans. Esta le cuidará en un primer momento y parece que es todo generosidad. Sin embargo, poco a poco, se irán demostrando sus intenciones: lo retendrá y lo maltratará hasta que vuelva a escribir una nueva novela.

El terror vivido por los venezolanos es similar al secuestro relatado en la novela de King, los ciudadanos están retenidos en su propio territorio por un conjunto de personajes con resentimientos, fanatismos y rencores enfermizos. Maduro y su banda de miserables sostiene el poder a todo costo, sin importar que en su camino dejen un cuadro desolador: una Nación sumergida en una profunda crisis. Destruyen de forma deliberada la voluntad general de los ciudadanos para decidir sobre su futuro, coartando el poder de legitimación de forma plena. La muchedumbre política deriva en una elite miserable que sostiene el poder a punta de bayonetas, visto el poco apoyo popular producto de una gestión negligente, incapaz, corrupta y profundamente ignorante.

Según el índice de miseria económica 2.020, desarrollado por Steve Hanke, publicado en la revista The National Review, Venezuela es el país más miserable del mundo, ocupando este vergonzoso lugar por cinco años consecutivos. En el ranking, que incluyó a 156 países, Venezuela ocupó el primer lugar, originado fundamentalmente por presentar una alta tasa de desempleo de 50,30 %, un índice de inflación de 3.713,30 % y un crecimiento del PIB real de -30.90 %, durante el 2.020. Indicadores que en lo que va de año no muestran mejoría en ningún aspecto. Los desastres del corrupto estado petrolero socialista de Maduro han sido bien documentados. Las realidades que padecen los venezolanos son innegables, las condiciones de exterminio producto de ambientes inclementes desde el punto de vista económico y social, no pueden ser ocultadas.

La realidad es elocuente la cesta alimentaria para el mes de julio llego a un costo de 312,99 dólares, 59 dólares más que en enero cuando se necesitaban 254,25 dólares. Esto refleja el aumento del costo de vida en dólares en Venezuela, producto del rezago cambiario, ya que el dólar no aumenta a la misma velocidad que los precios en bolívares de los bienes y servicios, como resultado de la política de contracción del crédito bancario que aplica el Banco Central a través del encaje legal. El CENDAS en su reporte mensual, señala que en julio se requirieron 160,97 salarios mínimos mensuales (Bs. 7 millones) o 5,36 salarios mínimos diarios, equivalentes a Bs. 37.559.783 ó $10,43 diarios, para cubrir el costo de la canasta. Un trabajador requiere en promedio cinco dólares diarios para poder almorzar, cuando el ticket de alimentación es de tres millones mensuales, menos de un dólar, mayor miseria es muy fácil de poder explicar visto estos números.

Nadie puede negar que lo que ocurre en Venezuela en este momento es producto de una actuación negligente, incapaz y posiblemente programada, en todo caso, es originada por la gestión gubernamental. Es por ello que el régimen debió reconocer la gravedad de la crisis y permitir que la ONU interviniera, con las entidades que se encargan de manejar el programa de ayuda humanitaria. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 2 de Julio, emprendió la distribución de las provisiones destinadas a la atención alimentaria de niños estudiantes en situación de vulnerabilidad en Venezuela. El Plan de Respuesta Humanitaria 2.021 de Venezuela tiene el objetivo de prestar asistencia de emergencia para salvar vidas, asegurar los medios de vida mediante un mejor acceso a los servicios básicos y garantizar la protección de los más vulnerables.

El presupuesto anual es de USD 190 millones. Este presupuesto está incluido en el Plan de Respuesta Humanitaria 2.021 de Venezuela, que lanzó Naciones Unidas el 18 de junio pasado, en el contexto de la peor crisis económica de la historia moderna del país. Más allá de la charlatana discursiva del régimen, la miseria en Venezuela deambula por todo el territorio como el COVID-19, si control y con medidas insuficientes para mitigar los efectos de ambos azotes. El pronóstico hecho por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), son concluyentes ambos organismos, estima que cerca de 10 millones de venezolanos, padecen inseguridad alimentaria desde hace dos años, situación que podría aumentar significativamente, por el deterioro económico de Venezuela y los impactos de la pandemia. Los organismos aseguran que tales indicadores se traducirán en pérdida de ingresos y  más desempleo, sumado a altos precios de los alimentos y aumento de la migración hacia otros países, que la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) calcula en más de 5,5 millones de venezolanos en el mundo en este momento, principalmente en países vecinos. Y con la posibilidad que se profundice visto el poco esfuerzo realizado por el régimen para atacar las causas que producen el éxodo.

La miseria expresada en cifras es incuestionable, los diálogos, reconversiones y cualquier aseveración aturdida no resolverá el drama que padece la población. Todos los actores políticos, sociales, privados y la sociedad en general deben entender y comprender el drama que soporta los ciudadanos. Un poco más de compasión, misericordia y solidaridad, y menos miseria humana.       

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