Los gimnasios están llenos,
Las librerías siguen vacías.
Joaquín Sabina,
Poeta español
Hay quienes pontifican que estamos a las puertas del fin del libro impreso y que será tiranizado por la era digital. Para los escépticos, vendrá en cuentagotas su caída mientras que los más osados transigen la extinción como súbita. Para el lector de uso regular es cuesta arriba imaginar un libro digital que en su desapego renuncie al mínimo esfuerzo de bajar de los anaqueles en tanto se escapa la magia que cautiva desde el estante.
En ese hábil aldabonazo leemos experiencias en sociedades que han entendido la falacia y van regresando, sobre todo las élites, al uso habituado del texto que sigue en repositorios. La vastedad del saber no puede sortearse con tanta facilidad. En una plática vespertina de la Mérida intelectual, porque muchas esquinas se precian de serlo sin que se oficialice, me topé de bocas a mano con 2 buenos amigos del libro: José Luis Moreno y Luís Caraballo.
Empeñosos en amparar la historia que subyace en las bibliotecas, se han paseado por la complejidad del libro: lectores, editores, críticos, compiladores y promotores, lo que me coloca en la línea de discutir entre sus aristas a lo que añadimos esa experiencia que en Argentina los hizo concurrentes a la Librería El Ateneo con el emboque que traduce la histórica edificación, inaugurada en 1919 como foco de ópera, tango y cine.
El lugar certifica la presencia de Gardel en sus espacios que han sido de tertulia para Borges o Sábato, como estructura icónica de la ciudad. Su aforo de 3 mil visitantes diarios para un poco más del millón de beneficiarios al año promedia su escogencia entre los atractivos mundiales, con cierre en los más de 120 mil títulos disponibles como auspiciador de la lectura en Buenos Aires; datos que hablan mucho del nivel de lectores que exhibe el país.
Esa empresa editorial se mueve desde una peana de arquitectura, diseño y multiplicidad de motivos en ferias, módulos de consumo, sistema de préstamo y una política de estímulo a la lectura que ajusta la voz de Séneca: “docendo discimus”; o sea “enseñando, aprendemos” congruente con la afluencia de usuarios a la Librería. El tema hoy no es tanto el libro digital, impreso o su producción.
No tenemos lectores y en consecuencia, de poco vale escribir o generar contenido impreso si el esfuerzo no renueva leyentes. Mientras otras sociedades, v.g. Europa, resuelven el retorno al libro impreso a todos los niveles, nosotros nos dejamos seducir por la inmediatez de las redes sociales que limita la percepción por competir en el mundo del conocimiento. No leemos, luego entonces, no enseñamos a leer.
Avivar la lectura nos hace críticos responsables porque detrás de cada argumento hay una cultura desde la horma de buenos autores. Si el Estado propicia leer, sería plausible pero si no ocurre así, la iniciativa debe ser asumida por particulares, como Argentina. Colombia tiene paradigmas que coligan conocimiento vs turismo, impulsando espacios de sensibilidad que al involucrarse integran una oferta promocional de rentabilidad económica. Su ejemplo debería alentar al estamento público en la concienciación sobre la lectura.
El Municipio Santos Marquina generó una propuesta que permitía en guiatura circunvalante leer a tamaño natural líneas de su historia en la plaza Bolívar. El viandante hacía su recorrido modular a través de un material estimulando la fuente lectora. Conjugar las iniciativas es una tarea que por sí sola no logra el resultado global pero es referir con espacios creativos como el Proyecto Bibliomulas que en Mérida cumple 15 años transitando nuestra ruralía con un equipo multiplicador que coadyuva satisfactorios efectos.
El desafío es grande, pero asumirlo irá despejará el camino de guijarros. Los viveros literarios, círculos de lectura o clubes del libro, como el de Rama Dorada en Mérida, son manantiales para generar el regusto por los buenos textos y si a estas experiencias se animan el Estado en sus expresiones concejiles, parlamentarias y ejecutiva, escritores y creadores, esperaremos opima cosecha, pronto. No temer el reto es el primer paso.
Por: Ramón Sosa Pérez…
21-08-2025



