La pelea por la vicepresidencia

Por: Fernando Luis Egaña…

La razón principal por la cual se está haciendo ruidosa, desde el oficialismo, una pelea declarativa por quién debería ser el vicepresidente de Maduro, es porque se piensa que tal personaje se convertirá en su sucesor, y no como opción teórica –que siempre existe, sino como posibilidad cada vez más práctica. No afirmo que eso vaya a ocurrir, afirmo que importantes voceros del oficialismo así lo consideran.

De lo contrario no se podría entender la polémica pública, notoria y comunicacional que tienen al respecto. Un gobernador de peso en la hegemonía declara que el vicepresidente debería ser el diputado Cabello, y al tiempo el propio Maduro plantea que Aristóbulo Isturiz es para él, lo que él fue para Chávez. ¿Cómo interpretar todo eso? De la única manera posible: otra manifestación del conflicto endógeno de la hegemonía roja.

Es lógico que así sea. Si han desbaratado al país, también han desbaratado su unidad interna, salvo cuando sienten una amenaza externa. La oposición política, en consideración oficialista, no representa esa amenaza, al menos no por los momentos. Pero la mega crisis que padece el país, y de la cual Maduro es un agente muy activo, tiene el potencial de reconfigurar los tableros del poder, y los jugadores están moviendo sus piezas.

Muchos en el chavismo no le perdonan al predecesor que haya seleccionado—junto a los hermanos Castro Ruz, a Maduro como su sucesor. Y algunos de ellos laboran con tesón para llegar al sitial donde se encuentra Maduro. Este los ayuda, porque es difícil alcanzar un peor desempeño en todos los ámbitos de la vida venezolana. Con el barril de petróleo en la vecindad de 40 dólares tenemos una crisis humanitaria que pica y se extiende… Peor que eso, repito, difícil…

Ante tal panorama, el tema de la vicepresidencia cobra una actualidad comprensible. Los que no quieren a Maduro porque sostienen que es un recién llegado, sin suficientes títulos conspirativos para merecer el cargo que intenta ejercer, menos pueden querer a Aristóbulo, cuyas idas y venidas son ampliamente conocidas. La procesión correspondiente no va por dentro sino por fuera, y prueba adicional de ello es la reciente confrontación sobre quién debería ser el vicepresidente en el 2017.

Ameliach dice que Cabello. Maduro dice que Isturiz. Cabello no dice nada. Y la pelea por la vicepresidencia parece entrar en una nueva etapa más ostensible.

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