Por: Juan Carlos Delgado Barrios*
El silencio informativo y el secuestro de la libertad de expresión parecían muy lejanos en los países democráticos, por que se consideraba que esto solo era posible en regimenes totalitarios y dictatoriales como Corea del Norte, China, Cuba, Bielorusia, Vietnam o Siria en los cuales las únicas ventanas son los medios de comunicación del gobierno y donde se presionan por distintas vías para la autocensura a diarios, radios y televisoras independientes cuando raramente existen. Sin embargo, en nuestro país, supuestamente democrático, esto ya está ocurriendo.
En Venezuela los gobernantes, influenciados por asesores y funcionarios propagandistas cubanos, quienes tienen medio siglo de experiencia silenciado a su pueblo, consideran que la comunicación social es un arma muy peligrosa en manos de los disidentes, por tanto, se le define como un objetivo de guerra, de allí, la necesidad del régimen del control total de estos y la puesta en marcha de un sistema nacional de medios públicos que difundan la realidad de la nación pero desde la perspectiva de los ideólogos y planes del régimen.
Inmensas fortunas se gastan diariamente en propaganda y difusión de noticias relacionada con el gobierno y su proyecto, con énfasis en la ideologización de la sociedad. Compran medios de comunicación a través de mercenarios, chantajean con las concesiones, restringen las divisas para compra de insumos, papel y repuestos necesarios para mantener funcionando los medios. Maduro ha anunciado el desarrollo de noticieros en cadena para difundir la verdad revolucionaria, lo que profundiza su disposición de copar aún más la comunicación noticiosa de los venezolanos.
La situación crítica del país que tiende al caos total hace que el gobierno redoble los esfuerzos en sus planes expansionistas y de control sobre los medios de comunicación social. Se trata de contener mediante estrategias comunicacionales el descontento y, con ello, del deslave de su gente en relación con el proyecto político del socialismo del siglo XXI o de su revolución chavista.
Pero la cosa no está tan fácil para el régimen en su proceso de manipulación de la verdad. La realidad que vive el país le explota en la cara al gobierno como una bomba de tiempo, no pueden ocultar el fraude electoral, la nacionalidad colombiana de Maduro, el desempleo, el desabastecimiento, la escasez, el alto costo de la vida, la inseguridad, la situación critica de los hospitales, la crisis eléctrica y del agua potable, el deterioro de las ciudades y sus servicios públicos, la corrupción, la impunidad judicial y la crisis carcelaria.
Hay canales de información alternos no controlados por el régimen que van desde los murmullos y, muchas veces en voz alta, opiniones en las tertulias familiares y de amigos, en los restaurantes, en el transporte publico, en las colas de los bancos, automercados y en cualquier cola que los ciudadanos hagan para comprar artículos de primera necesidad o alguna diligencia para satisfacer algún servicio publico hasta las sofisticadas, pero accesibles, redes sociales. En esos canales se informa, se difunde y se comenta la otra cara de la noticia que el gobierno pretende ocultar.
En Venezuela se desarrollan trimestralmente miles de conflictos y protestas callejeras sin respuestas del gobierno, todo lo contrario a respuestas serias y respetuosas como debe ser en un sistema democrático se criminalizan las protestas, se persiguen con prisión a sus dirigentes y se enfrentan con brutal represión policial apoyados con grupos civiles de choque, ya sean encapuchados o motorizados oficialistas, lo que convierte a la sociedad venezolana en una olla de presión que se calienta progresivamente con el descontento que se hace critico cuando se le cierran las válvulas de escape como es la restricción de la libertad de expresión, de información y de opinión.. Una verdadera y peligrosa bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento.
Aquí en Mérida conocemos y hacemos seguimiento a un caso muy emblemático como es el juicio que se le sigue al periodista Leonardo León (La Ciudad en la Radio; Diario el Nacional, Comunicación Continua) a quien se le imputa por difamación contra el Gobernador del Estado Mérida. Este es un caso insólito ya que lo que el periodista León reseño fue visto y sentido por toda la comunidad merideña involucrada o testigos de un hecho de terrorismo de Estado, como fue el ataque a la sede de CAMIULA por grupos de encapuchados supuestamente apoyados o protegidos por la fuerza pública merideña. Videos, fotos, documentos, declaraciones, entrevistan dan fe de que esto sucedió tal como lo reporta el citado periodista.
Sin, embargo el Gobernador acosado por la realidad, por la verdad de los hechos, que lo responsabilizan trata de manipular esa verdad creando con sus asesores un chivo expiatorio para imputarlo de difundir informaciones tendenciosas que lo difaman y, así transferir la culpa a Leo León. Ahora este caso esta en los tribunales como muchos casos de periodistas y editores quienes son juzgados por los órganos jurisdiccionales venezolanos por reseñar la verdad, por poner en evidencia al gobierno, juzgados y perseguidos por desenmascarar la “verdad revolucionaria”.
*Profesor Titular Jubilado de la ULA


