Por: Bernardo Moncada Cárdenas…
El embudo que conduce al éxito la parodia de redención social conocida como socialismo marxista se facilita con la expresión «prejuicios pequeñoburgueses». Estas palabritas descalifican los fundamentos morales -Derechos Humanos incluidos- de la democracia moderna.
Para quien adopta esa propuesta ideológica con todas sus consecuencias («sin prejuicios pequeñoburgueses», decía el torvo Lenin), el aparato legal del Derecho es utilizable en defensa de delincuentes que cometen sus fechorías para financiar la revolución, o sus leyes internacionales se enarbolan para amparar gobiernos forajidos en nombre de palabras tan dignas como Soberanía, o Autodeterminación de los Pueblos, y para preservar las obesas cuentas bancarias de los corruptos dirigentes que se auto-recompensan como «premio por sus sacrificios». Pero cuando un ente de diferente pensamiento político les estorba, no hay ley que le proteja ni Derecho que le defienda. Y una vez transformado el proyecto revolucionario en régimen totalitario, todo prejuicio pequeñoburgués, como la importancia de la familia, el derecho a la vida, la propiedad, la libertad de expresión y de educación, va al pipote de basura sacrificado en aras de los ideales revolucionarios.
En este oscuro momento de nuestra historia vemos ese embudo de la legalidad revolucionaria en toda su nítida perversidad. Vigilemos su funcionamiento y no nos cansemos de denunciarlo, no sea que la nación se acostumbre a usarlo como suele suceder.
bmcard@hotmail.com



