La salud mental de los jóvenes venezolanos que estudian y trabajan en medio de la crisis

Seguro has escuchado frases como: «A tu edad yo no me estresaba», «Eso es falta de oficio» o «Tú lo que tienes es mucha mente libre», pero en muchos casos para los jóvenes la realidad es otra. Estudiar aquí en Venezuela ya es un reto por sí solo, pero para muchos adolescentes, la rutina no termina al salir del liceo o la universidad.

Muchos cruzan la línea hacia el mundo laboral temprano, ya sea emprendiendo por redes, trabajando en un comercio o siendo influencer,  para ayudar en la casa o cubrir sus propios gastos, y esto pasa debido a la crisis que atraviesa el país, y para nosotros los jóvenes, desde que nacimos vivimos en esa crisis.

Entonces, llevar el peso de las notas, el transporte, los idas de luz, la economía y la presión de «ser alguien en la vida» nos abruma mucho. La salud mental en el colegio y el trabajo no es un lujo ni una moda de Internet; en Venezuela, es una necesidad de supervivencia.

En el colegio o la universidad, el estrés no es solo por los exámenes, es la ansiedad de si habrá clases, cómo resolver el pasaje, o la frustración de sentir que te estás esforzando al máximo en un sistema que a veces se cae a pedazos.

Y si a eso le sumas un trabajo, el nivel de exigencia se duplica, porque trabajar siendo joven en Venezuela significa, muchas veces, aguantar malos tratos o sueldos injustos porque «estás empezando» o porque «necesitas la plata». El agotamiento físico es real, pero el mental es peor, el miedo al futuro, la frustración de ver que el dinero no rinde y el sentimiento de que se te está yendo la juventud en pura responsabilidad.

Si sientes que el colegio o el trabajo te están consumiendo, recuerda que tu paz vale más que cualquier nota o quince quincenas.

Aprende a decir «no» (Poner límites): Si ya cumpliste tu horario en el trabajo, o si tus amigos te piden algo que te quita el poco tiempo que tienes para descansar, está bien decir que no. No eres una máquina.

Si el ambiente en tu salón o en tu trabajo es tóxico, no te sumes al chisme ni te guardes la mala vibra. En redes sociales, silencia las cuentas que te hagan sentir que tu vida es insuficiente o que no estás haciendo «suficiente dinero» para tu edad.

Dormir bien o pasar una tarde haciendo absolutamente nada con tus amigos no es perder el tiempo; es recargar la batería que necesitas para no colapsar.

No te guardes todo. Si no confías en tus papás, busca a un amigo, un profesor que te dé buena espina o fundaciones que ofrecen apoyo psicológico gratuito o accesible en el país.

A los adultos, que vivieron otra Venezuela u otra época, les pedimos que entiendan que nuestro contexto es diferente y que el mundo de hoy exige cosas distintas.

No minimicen lo que sentimos: Decirnos «tú no sabes lo que es pasar trabajo de verdad» solo hace que nos cerremos. Que nuestras dificultades sean distintas a las suyas no significa que no duelan o que no cansen.

Profesores, un alumno que no entregó la tarea quizás pasó la noche trabajando o no tuvo luz.

Jefes, un empleado joven que se siente respetado y escuchado rinde el triple que uno bajo presión constante y amenazas.

Tener ansiedad, depresión o simplemente estar cansado por el día a día no nos hace débiles. Reconocer que la situación en Venezuela es dura y que necesitamos cuidar nuestra mente es el primer paso para no dejar que el entorno nos apague las ganas de salir adelante.

Marco Antonio Sosa Villamizar

Estudiante de 3er año de bachillerato

Colegio Micaeliano-Mérida

24-05-2026 (146)