Por: Rosalba Castillo R….
En momentos tan complejos de la humanidad, pareciera imposible pensar en la simplicidad de la vida, cuando solo se discute lo duro y difícil que resulta el ejercicio de vivirla, cuando nos sentimos perdidos entre tanta sobreinformación. Existe profesionales y aplicaciones que nos pueden guiar para controlar las finanzas, bajar de peso, ser saludables, educar a los hijos, pagar menos impuestos, comprar servicios, pero solo nosotros podemos ser mejores personas y elegir la línea más adecuada para avanzar de manera simple en nuestro andar.
Los principios de la vida son simples, nos lo dicen las filosofías orientales como El Budismo y El Taoísmo, sin embargo, el mundo ha cambiado tanto en los últimos días y entre tanta desinformación, extraviados, necesitamos recuperarnos mediante un ayuno de redes y plataformas digítales que nos permitan ver la importancia de las cosas, contemplarnos frente al amanecer mirar el cielo, disfrutar de la música y de la lectura, jugar con un niño, caminar bajo la lluvia, disfrutar de cada sentido. Pareciera que todo aquello que se hace viral es lo más importante. Obviando que este despertar, nos hace el día y escribe sus titulares.
Si buscamos esa simplicidad y la cultivamos con disciplina, obtendremos resultados inesperados. El bienestar definitivamente se construye. desde adentro, nunca desde el exterior. La ayuda no viene desde fórmulas mágicas, desde anuncios publicitarios o desde compras compulsivas que nos brindan momentos de alegría temporales y no el equilibrio físico, mental y emocional que requerimos los habitantes del planeta.
Lo simple no siempre resulta fácil, solo hay que establecernos metas, con las herramientas adecuadas y siempre con disciplina y confianza. Simplicidad no es un término común, sobre todo en un mundo tan desordenado y agobiado. Simplicidad no es sinónimo de austeridad. No es una actitud de moda, una tendencia, es una filosofía de vida, que propone la eliminación de objetos innecesarios. En mitad de una pandemia y comienzos de una guerra, estamos haciendo camino hacia lo simple, lo minimalista. El ser gana perdiendo terreno el tener. A medida que nuestra economía de desmorona, nos hemos visto en la necesidad de acercarnos a los demás. Ese compartir, hace que creemos vínculos, disfrutando de acciones colectivas. Le hemos dado más importancia a lo necesario, resultándole a lo innecesario.
Este tan esperado progreso, genera una enorme complejidad que nos esa sobrepasando, produciendo un impulso opuesto en la búsqueda de lo simple, de lo natural, como un encuentro del minimalismo de vida. Una tendencia, producto de la búsqueda de orden y de la higiene mental. Navegar por las diferentes plataformas, es el virus de contagio del ciudadano de hoy. Emails, llamadas, mensajes, audios, comentarios, empañan nuestros días, impidiendo el redescubrimiento personal. Mantenernos lo más alejado del consumismo, se esta convirtiendo en una filosofía mundial.
Hemos sido vulnerables a la manipulación de los medios de comunicación, a través de la publicidad y de cualquier sistema de masas. Etiquetamos a la felicidad con el poder económico, Un vehículo nos produce estatus, un perfume nos brinda seducción, una prenda de vestir nos hace elegantes, una tarjeta de crédito nos da poder. Así despertamos con los titulares de una sociedad enredada que nos desconoce y perdió la sensibilidad ante una guerra que quiere apropiarse de un país y de sus bienes culturales, así como aniquila vidas de hombres, mujeres y niños, desconociendo que ese conflicto bélico marca la memoria biológica de todos, produciendo cambios epigéneticos que se trasmiten por generaciones.
Esa simplicidad donde caminamos guarda una enorme complejidad. Las cosas simples acaban por ser complejas, y las complejas pueden ser lo más simple. Todo depende de nuestra perspectiva. Nos hemos complicado de tal manera que nos cuesta ser simples. Simplificar es lo que nos da la claridad, para lograr ese espacio para un enfoque más transparente sobre las cosas más y menos importantes en nuestra vida. A la mayoría de las personas se nos dificulta saber que queremos, aunque si sabemos aquello que no queremos. Articular aquello que deseamos será el primer paso para eliminar la complejidad. Frente a las innumerables posibilidades que se nos abren, saber escoger con cuales quedarnos y cuales desechar, nos harán buscar esos objetivos que necesitamos, las herramientas como conseguirlos y la disciplina para llevarlos a feliz término.
Una vida mas simple es una vida más feliz, ya que la felicidad no depende de las circunstancias externas. Se nos hace vital poder tener objetos materiales, pero sin excedernos a tal punto que se conviertan en problemas adicionales. No desperdiciemos las posibilidades doradas, entre tanta falsa felicidad que se nos ofrece. Simplifiquemos la vida. Disfrutemos de ella. Vinimos para hacerlo.
Lo esencial es invisible a los ojos nos recuerda El Principito.
05 03 2022




