Por: Maira Mendoza de Rebaque…
La adaptación al cambio climático (en adelante ACC) es evidente al desaparecer los glaciares venezolanos, para comprender cómo se adaptan los estudiantes del páramo venezolano a través del proceso cognitivo del pensamiento sistémico (en adelante PS), se consideraran las actividades de educación no formal (en adelante ENF), ya que son ambientes de aprendizaje ideales para fomentar el pensamiento sistémico que no es considerado en la educación oficial a tempranas edades.
Hay Investigaciones que confirman la pérdida total de los glaciares venezolanos (MeLfo, et al., 2017), dejando en evidencia que el cambio climático está en Los Andes Tropicales, específicamente en el estado Mérida. Son muchas las disciplinas que abordan la temática: investigadores de la física molecular, geología glaciar, ecología de alta montaña, de aspectos socioculturales y la prevención de desastres naturales. En esta oportunidad se trata de las ciencias de la educación, con una mirada transdiciplinar que parte de la ENF de los habitantes de la región alto andina objeto de estudio, en la línea de investigación de los procesos cognitivos y meta cognitivos en educación. El estudio del PS como habilidad cognitiva para adaptarse de manera sostenible al contexto post glacial venezolano, es una posibilidad inmediata de aprendizaje que favorece a los estudiantes en pleno desarrollo de su consciencia cognoscitiva hacia un proceso adaptativo sostenible al cambio climático del contexto que habitan.
La solución educativa ante la adaptación humana a los efectos del cambio climático articula elementos teóricos que no han sido considerados anteriormente en interconexión, estos constructos teóricos son el pensamiento sistémico que es una herramienta cognoscitiva fundamental para comprender la adaptación sostenible al deshielo glaciar (Capra, 1998; Maturana, 1999); el aprendizaje del pensamiento sistémico haciéndolo a tempranas edades y no como sucede a niveles universitarios. El otro punto es fomentar en actividades de educación no formal el proceso de su desarrollo cognoscitivo y la adaptación sostenible ante el cambio climático en estudiantes del páramo siendo niños y jóvenes con edades entre 10 y 15 años. En este sentido, la interacción del pensamiento sistémico (PS), la educación no formal (ENF) y la adaptación al cambio climático (ACC) se colocan por primera vez en interconexión para dar con una alternativa educativa al fenómeno del deshielo glacial andino venezolano. El deshielo glacial tiene efectos de cambios en el clima sorpresivos y acelerados que alteran la convivencia en la región alta andina venezolana.
En este contexto, se considera el pensamiento sistémico como una herramienta fundamental para comprender y abordar aspectos contextuales como la perdida de la biodiversidad, la modificación del sistema hídrico, los cambios en la agricultura – ganadería y las modificaciones en el paisajismo. Son desafíos para la adaptación al cambio climático en el páramo venezolano.
Según Flavell (2019), el PS es entendido como un proceso de orden cognitivo superior tan refinado que integra e interrelaciona con otros procesos de pensamiento potenciándolos. Gracias al PS, se puede generar información más objetiva del mundo que rodea al individuo (Ríos, 2009). Permite interconectar sucesos aparentemente independientes, es allí donde se crea o construye una nueva información, diferenciada del almacenamiento de datos, pues se convierte en ideas genuinas y más humanas (Capra, 1998). Por consiguiente, el pensamiento sistémico es un proceso cognitivo adecuado, pertinente en la comprensión de interrelaciones complejas dentro de los elementos de un sistema, entre los sistemas y cómo estos afectan o son afectados por su entorno.
En este orden de ideas, la percepción sistémica, previa al pensamiento sistémico, proviene de la cognición humana a través de los sentidos. Es gracias a ellos que se pueden desarrollar los procesos cognitivos básicos tales como: la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el pensamiento (Ríos, 2009). De manera que la percepción sistémica conduce a respuestas integradoras bajo el análisis de las diversas interacciones que componen un fenómeno. Se caracteriza por ser un pensamiento abierto ante los resultados, creativo en las respuestas, confiado en el proceso de la resolución de problemas a largo plazo y colaborativo en la construcción tanto del análisis como en la respuesta (Maturana, 1999). En el caso del cambio climático, implica comprender cómo las acciones humanas, los factores ambientales y los procesos geomorfológicos naturales interactúan para conformar un fenómeno global.
La humanidad requiere una visión sistémica para la construcción de comunidades sostenibles, siendo el gran desafío de esta época humana (Capra, 2018) la educación tiene un rol importante en ello. Requiere trascender del pensamiento lógico matemático, al pensamiento reflexivo, al pensamiento crítico y comenzar a configurar un pensamiento sistémico para analizar las formas de vida, los sistemas de negocios, de economía, de salud, de educación, de estructuras físicas, de las nuevas tecnologías; todos ellos inherentes en la naturaleza e indispensables para sustentar la vida. Para ejemplificar esto, se puede pensar en los algoritmos que utiliza la inteligencia artificial, los cuales solo producen resultados en función de la data, mientras que la cognición humana va más allá de almacenar, recordar, identificar, clasificar, evaluar patrones. El ser humano es capaz de crear algo distinto para adaptarse al contexto que habita, la información lo que le convierte es en un productor de ideas (Capra, 1998). El aprendizaje del pensamiento sistémico ha de ser experiencial, lúdico para incorporarse en la percepción del individuo, el verdadero conocimiento incorpora el sistema más allá del fenómeno, generando satisfacciones que se traducen en obras de arte, en soluciones ingeniosas, en calidad de vida, en recursos globales, o simplemente en ideas para la sostenibilidad de la vida (Maturana, 1999). La habilidad mediante la cual se manejan estos procesos cognitivos se conoce como habilidad cognitiva, que es la gestión de orden personal que manifiesta un individuo para resolver problemas en su cotidianidad (Ríos, 2009).
En este escenario de devastación por las inundaciones en Los Andes venezolanos, la educación no formal entendida como toda actividad organizada, sistemática y educativa realizada fuera del contexto académico oficial, facilita determinados tipos de conocimientos con aprendizajes experienciales y lúdicos que potencian el desarrollo de procesos cognitivos fundamentales para el pensamiento sistémico. Ejemplos de estas actividades son el proyecto educativo de la Asociación de Scouts de Venezuela (2019), los aprendizajes grupales de los museos de ciencia en la Sociedad de la Información y el Conocimiento de Medellín (Reynoso, 2013), que son experiencias de ENF con un papel fundamental en la formación de estudiantes enriqueciendo su aprendizaje en la aplicación de soluciones a problemas cotidianos de su existir.
A través de una educación enfocada en aprendizajes participativos y centrados en el estudiante (Cirigliano y Villaverde, 1981), se puede fomentar el pensamiento sistémico dentro de la gama de procesos cognitivos para la inteligencia del desarrollo humano (Piaget, 1984). La educación es la encargada a nivel individual de promover la comprensión de la ACC en el páramo venezolano, al ser una región de gran vulnerabilidad es de vital importancia que los estudiantes se involucren en la búsqueda de soluciones y la toma de decisiones informadas desde los conocimientos científicos actualizados, ya que son los más perjudicados (UNICEF, 2022), en tanto que está en juego sus posibilidades de salud, alimentación, recursos económicos y vulnerabilidad a los desastres naturales. Es esencial fomentar este tipo de pensamiento desde la educación para aumentar su resiliencia (UNICEF, 2024) en quienes se enfrentan de cerca a los impactos de este calentamiento global.
Por otra parte, los páramos merideños presentan una condición inédita que ha sido observada por investigadores en la Red GLORIA-Andes (desde 2008), se trata de su gran diversidad de especies de flora y fauna, donde la desaparición de sus glaciares altera el ciclo de la vida en estas regiones en cuanto al incremento de temperatura y la disposición de agua dulce que altera la biodiversidad; por otra parte la frecuencia de desastres naturales transforma el paisajismo; finalmente se alteran los hábitos de vestimenta, costumbres culinarias, de transporte, entre otros aspectos socioculturales. Así el ser humano se encuentra en una realidad distópica a causa de los efectos del cambio climático (González y Meíra, 2020), la incertidumbre de los acontecimientos requiere adaptarse de modo diferente al acostumbrado por la cultura andina, las resoluciones adaptativas creativas han de surgir de la cognición humana potenciada al máximo, para la sobrevivencia armónica entre los sistemas de vida del páramo venezolano.
En vista de que en la Sierra Nevada de Mérida se ha producido el primer deshielo glaciar andino, es importante estudiar si sus habitantes comprenden el proceso de adaptación al cambio que experimentan. Los glaciares del planeta están en un retroceso paulatino hasta extinguirse, como afirma Balog (2012) son ellos la mejor muestra de que el cambio climático ha llegado al planeta y los documenta con fotografías dramáticas en su primer informe compartido a las instituciones gubernamentales internacionales sin lograr la sensibilización necesaria. Igual sucedió en la Sierra Nevada de Mérida, con reportes científicos como el de Rincón (et al., 2007) que desde principios del siglo XXI viene haciendo advertencias a las instituciones regionales, nacionales e internacionales de la degradación glaciar sin éxito alguno. Los glaciares en el planeta están en un periodo de pérdida importante de territorio afectando el nivel de las aguas, la acides y temperatura de los océanos, aunado a las actividades antrópicas inapropiadas, se ha aumentado la velocidad de derretimiento.
En efecto, el deshielo glaciar venezolano produce cambios en la biodiversidad, en las temperaturas diarias, en los flujos de agua (para lagunas, ríos, embalses). El paisaje se transforma en las temporadas de sequías y de lluvias que conlleva a desastres naturales con situaciones de emergencias para los seres vivos, llámese humanos, fauna y flora. De modo tal que, conductas sencillas de parte de los estudiantes del páramo, sustentados en un PS les permitirán mantener frío el ecosistema que estén habitando. Para realizar una adaptación sostenible y armoniosa entre los diversos sistemas de vida, la economía, el turismo, la salud y la agricultura se necesitan ensayos y errores creativos de parte de los miembros de la comunidad impulsados por los estudiantes que manipulan con mayor éxito las nuevas tecnologías (robótica, inteligencia artificial, aplicaciones en celulares, tutoriales, comercio en línea, etc.).
La ENF es una posibilidad para fomentar los principios de la educación bajo una perspectiva sistémica que se fundamenta en el aprender jugando, en trabajo de equipos, en la igualdad sin jerarquías en los miembros, solo la cooperación de todos es indispensable para dar con una solución creativa, en ocasiones disruptiva, a un problema de la cotidianidad. Además, es el campo educativo con el desarrollo cognoscitivo de los estudiantes el indicado para impartir el conocimiento de estas inter conexiones de los sistemas de vida, para explicar la alfabetización ecológica y sus principios, sensibilizar acciones para la huella ecológica, para dar a conocer la era geológica de calentamiento que se repite como en las culturas andinas de Caral y Mochica (en Los Andes centrales). No tiene justificación no tomar consciencia desde la educación de las limitaciones y posibilidades que los seres vivos enfrentan a raíz del dramático deshielo glacial del planeta.
El cambio climático exige a la humanidad minimizar su huella de carbón a través de energías limpias, de economía circular, de movilidad limpia, pero todo ello en función a generar soluciones democráticas, holísticas, sistémicas en pro de un futuro responsable para mantener la vida en la biosfera (Capra, 2018). La mayoría de los estudios en educación ambiental se dirigen a incorporar conductas desconectadas, conductas sostenibles sin conocer el flujo circular de los sistemas de vida, ni de conocer el flujo de la economía o salud humana. Conductas de reciclaje sin considerar la trazabilidad de los elementos o el significado de cada una de las tres R, por lo tanto las conductas se mantienen sin tener una conexión fundamentada en conocimientos solidos de la realidad (Cirigliano y Villaverde, 1981).
Las modificaciones que se necesitan para sostener la vida en el planeta parten de una profunda transformación de la humanidad, a través del cambio de paradigma educativo con la perspectiva hacia lo sistémico que fomenta la ecología profunda (Capra, 1998). Las experiencias de soluciones creativas surgirán de ambientes educativos con las nuevas tecnologías, conocimientos científicos actualizados, en confluencia con los conocimientos ancestrales andinos, que conduzcan a una nueva fusión sociocultural a un cambio de paradigma (Leff, 2021). Es la gran transformación antrópica para adaptarse al cambio climático, donde la educación desde el aprendizaje del pensamiento sistémico hace su contribución.
En conclusión, la educación debe partir desde los diez años de edad en transformar la información recibida de la adaptación al cambio climático con un pensamiento sistémico formando un joven y adulto capaz de convivir con los cambios intensos que la naturaleza le va a presentar en la medida en que el planeta aumente su temperatura. El pensamiento sistémico es un proceso cognoscitivo que genera en el ser humano el potencial de realizar ideas innovadoras, ideas disruptivas para una mejor calidad de vida interconectada a todos los sistemas de vida del contexto.
En este sentido, la sociedad del páramo venezolano puede generar un estado de equilibrio y armonía con la naturaleza a través de una adaptación al cambio climático que se está acentuando a raíz del fenómeno del deshielo glacial. Así como se está transformando la geomorfología de Los Andes, los niños y jóvenes han de transformar su comprensión de la vida sostenible en un nuevo contexto geográfico y climático.
A consecuencia, es la educación formal y la educación no formal los llamados a generar una sociedad equilibrada, amorosa, justa, en consideración de todos los sistemas de vida que habitan Los Andes. El potencial humano a nivel cognoscitivo se ha de potenciar con un pensamiento sistémico, holístico que produzca bien estar en lo social, agrícola, en el manejo de los sistemas hídricos, turístico, ecológico, económico, tecnológico, de salud, todos en coherencia para sobrevivir ante la adaptación al cambio climático. El desarrollo del pensamiento sistémico a tempranas edades con un manejo de la información exacta del cambio climático, puede ser transferido por toda la cordillera andina en sus más de 7000 km de longitud.
Fuente: https://www.academia.edu/127315064/Tesis_Doctoral_Mendoza_Maira_180724#loswp-work-container
29-06-2025
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