La suerte está echada

Esa frase, “La suerte está echada”, proviene del latín “Alea iacta est”, atribuida a Julio César. La utilizó cuando cruzó el río Rubicón en el año 49 a.C. En esencia, significa que una decisión importante se ha tomado y no hay vuelta atrás.

En la vida cotidiana, esta expresión se utiliza para señalar que se ha tomado una decisión irreversible o que se ha dado un paso crucial. A veces, enfrentamos momentos en los que debemos lanzarnos a lo desconocido, sin posibilidad de retorno. ¿Hay algo específico en tu vida en lo que sientas que “la suerte está echada”?

En la Venezuela actual se concreta con la decisión del domingo 28 de julio del 2024. El país se enfrenta ante la disyuntiva de la continuidad del mal vivir o la oportunidad de un camino en libertad.

Las encuestas en promedio reflejan una preferencia por el candidato Edmundo González, impulsado por María Corina Machado en la Tarjeta de la Unidad, con un mínimo del 60% de apoyo, el candidato oficialista a repetir, solo cuenta con un 21% de apoyo, el resto suman un número no mayor del 9% de apoyo y el resto (10%) es abstención o no han manifestado ninguna preferencia.

Si cruzamos estos resultados con la composición del mercado laboral, encontramos que en promedio el 40% de la población trabaja por cuenta propia, el 21% trabaja en el sector privado y solamente un 15% está en nomina pública (por cierto, el sector con el peor salario, o devengando el salario mínimo, ya que bono no es salario).

Nos encontramos con una población donde más del 60% tienen un ingreso que no depende directamente del sector público, pero a su vez es quien carga con la mayor presión impositiva o fiscal. A su vez, es más del 60 % de quienes están votando por el cambio hacia la libertad. No creo que sea coincidencia. Los que dependen de su propio esfuerzo y son los que cargan con el financiamiento del gobierno nacional, regional y municipal. Con el evidente hecho del deficiente servicio público en salud, educación, seguridad, electricidad, agua, etc.

Sería irracional votar por la continuidad, sería irracional detener el cambio. Pero sabemos que la inteligencia y la sabiduría tienen límites, pero la estupidez NO.

Un pueblo lleno de esperanza es la mayor fuerza de cambio, es la esperanza la que nos impulsa a seguir adelante y a buscar soluciones a nuestros problemas. La esperanza nos brinda la fuerza necesaria para no rendirnos ante las dificultades y nos muestra que hay luz al final del túnel. Es un milagro que nos sostiene cuando todo lo demás falla, recordándonos que siempre hay posibilidad de cambio y renovación. 

Econ. Douglas C. Ramírez Vera

Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales. (FACES-ULA)

23-07-2024

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