Por: Germán Rodriguez Bustamante…
La Gran Norteamérica es una estrategia y doctrina geopolítica de Estados Unidos, que redefine por completo el mapa de seguridad nacional, estableciendo un perímetro de seguridad inmediato e integral sobre todas las naciones y territorios soberanos, ubicados al norte de la línea del ecuador. Enmarcada en la doctrina Monroe, presentada por el presidente James Monroe el 2 de diciembre de 1823, que advertía a las potencias europeas que no podían intervenir ni colonizar ningún país del continente americano. A pesar del tiempo transcurrido la administración actual de la casa blanca, reactiva dicha política para mantener un control sobre el hemisferio. La situación del narcotráfico y sus conexiones con grupos delictivos internacionales, encendieron las alarmas y obligaron al Pentágono a mirar a Latinoamérica. Adicional a la presencia del crimen internacional y el tráfico de drogas que inunda el territorio americano, la presencia de Rusia, China y algunos de sus satélites, avivaron la estrategia de influencia única y exclusiva de Estados Unidos en este continente.
El nuevo espacio estratégico de seguridad definido, incluye una visión norte a sur y este a oeste. Abarca todos los estados de la cuenca del Atlántico Norte y el Pacífico Norte, sumando a Centroamérica, el Caribe y la porción septentrional de Sudamérica, como Colombia y Venezuela. Según los lineamientos oficiales, los países situados enteramente al sur del ecuador dejan de ser catalogados bajo la misma prioridad directa y deben asumir de manera autónoma sus propias responsabilidades de defensa regional.
En el caso venezolano, la inestabilidad política y económica ha sido el catalizador más visible de esta nueva posición de la Casa Blanca. Para Washington, la intervención y presión directa sobre el gobierno de Nicolás Maduro, responde a la necesidad de asegurar el control de recursos energéticos estratégicos y desplazar la presencia militar o tecnológica que Pekín o Moscú. A diferencia del pasado, la nueva doctrina no solo busca repeler a potencias extranjeras, sino neutralizar factores internos de los países latinoamericanos, que Estados Unidos percibe como amenazas directas a su seguridad nacional. La acción del 03 de enero, en definitiva busca la incorporación de Venezuela en la zona de seguridad norte del ecuador, desde Groenlandia hasta el Canal de Panamá.
Dentro de este esquema, Venezuela deja de verse como parte de un bloque geopolítico independiente y es clasificada como un vecindario estratégico, de interés doméstico directo para Washington. En consecuencia los americanos llegaron para quedarse. Este rediseño doctrinal actúa como una reinterpretación moderna y agresiva de la histórica Doctrina Monroe, matizada por la narrativa Trump. Su aplicación práctica busca asegurar el control militar y logístico absoluto sobre el Caribe, erradicar las redes de narcoterrorismo, garantizar la exclusividad sobre las vastas reservas de petróleo y minerales del país, y neutralizar por completo la influencia de potencias extracontinentales como China e Irán en el hemisferio. Las últimas declaraciones de Trump, señalan formalmente que el tema electoral está demasiado verde y que la sociedad venezolana, no cree que estén preparados todavía para votar.
El Departamento de Estado de EE. UU., sostiene que para la restitución de procesos electorales sostenibles en Venezuela, primero deben consolidarse condiciones de base como: organización de partidos, prensa libre e infraestructura confiable, desplazando los comicios a una meta no tan cercana. Relato que produce desconfianza, incertidumbre y desesperanza en la población, que esperaba una salida más rápida la crisis humanitaria compleja, que padece desde hace más de 20 años. Es difícil de creer que quienes la produjeron sean capaces de corregir algo. Solamente obedecen a la tutela para sobrevivir, hipotecando el futuro del país, tragándose la saliva revolucionaria, sin importar en lo mínimo lo que vivan los venezolanos.
El país opera bajo un esquema de control fiduciario y administrativo por parte de Washington, lo que debilita el principio de soberanía popular. La administración de los ingresos petroleros y las normas energéticas y mineras están bajo estricta auditoría de EE. UU.. En la fase de estabilización estadounidenses, el diálogo político y la liberación de presos políticos, han sido utilizados como herramientas de validación de interlocutores interinos y figuras que resisten o negocian ante el control extranjero, como la banda dirigida por Delcy, en lugar de responder a un diseño constitucional autónomo. Es obvio que la posición adoptada por el interinato, le produce una comodidad extrema a la administración Trump, por ello interpreta la grosera subordinación y entrega, como una relación excelente y juega con una felicidad colectiva inexistente en el país.
El desplazamiento de la soberanía produce tensiones dentro de las fuerzas pro-democráticas. Mientras que sectores alineados a liderazgos como María Corina Machado han respaldado la presión, otras facciones tradicionales de la oposición critican el tutelaje directo y exigen una ruta civil independiente, fuera de la estructura actual. Sectores civiles denuncian que la intervención militar y el control corporativo estadounidense, no se han traducido en una mejora del bienestar democrático o económico cotidiano, lo que incrementa el descontento social y el riesgo de vacíos de poder locales, operados por facciones radicales o colectivos.
El que gana se lo lleva todo tiene sus límites, no porque exista una resistencia interna para evitarlo, ni por razones morales, simplemente porque será muy difícil tutelar un país en la miseria y la ruina. La realidad es que los miles de millones de dólares, requeridos para levantar el sistema eléctrico nacional y de refinación, se están canalizando únicamente a la optimización de los flujos de exportación hacia el norte, marginando las redes de distribución doméstica. El petróleo está llegando a las refinerías americanas y las de sus aliados, mientras la población sigue llevando la carga más pesada, sin ver una mejora en su calidad de vida, ni una ventana política, que saque a esta banda de delincuentes del poder. Los americanos se quedan sin importar las penurias de la gente.
@germanoveja
@germanrodri
04-10-2026
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