Por Germán Rodríguez Bustamante….
Las conspiraciones son entendimientos o planes orquestados entre personas, con el objetivo de ganar o controlar el poder político establecido, de manera parcial o total. Es la unión de camarillas para lograr resultados planificados. Se puede conspirar desde fuera del poder para derrocarlo, o combatirlo desde dentro estimulando sus debilidades y exaltando sus contradicciones, buscando su colapso.
En la Venezuela actual el régimen utiliza la conspiración, como justificación para endosar responsabilidades por los fracasos en la gestión y en otros casos como excusa para arremeter en contra de la disidencia. La canalla mediática del régimen crea rumores sobre teorías conspirativas, con el objetivo de que los mismos sean una versión extraoficial de los hechos y sean verdad. Alimentan un sentimiento de inseguridad por la situación económica y las circunstancias políticas, cuyo origen es consecuencia de la actuación de los opositores al régimen con la ayuda del extranjero. En definitiva, detrás de cada evento que muestra las grietas de una gestión pública desastrosa, aparece el complot armado como responsable.
Luego de quedar atrás las poco realistas aspiraciones de una salida inmediata del chavismo, dejando espacio para la eventual construcción de una convivencia democrática, la oposición venezolana debe enfocarse en una estrategia distinta. Indudablemente para que ocurra cualquier cambio positivo, el gobierno de Maduro y la oposición integral deberán volver a la mesa de negociaciones. En este marco y de cara a la elección presidencial del 2.024, la unidad política aparece como una necesidad forzada para iniciar un proceso, que conduzca a la restauración de las instituciones democráticas. Una unidad bien estructura, podrían marcar una diferencia material en la vida de los venezolanos y mantener vivas las opciones para la redemocratización en el futuro.
La realidad es que la falta de unidad fragmenta las fuerzas democráticas de manera destructiva tanto para ganar elecciones, como para mostrarle al pueblo venezolano que tiene los medios para abordar los problemas del país. La caída en picada del apoyo a la oposición desde un máximo de más del 60 por ciento hasta el mínimo de los 10 hoy, demuestra el costo de esta debilidad. La oposición debe desarrollar nuevos mecanismos para seleccionar líderes, lo que permitiría una expresión más amplia de la democracia que no descarte a sectores enteros de la oposición como colaboradores del gobierno de Maduro y se aleje del tóxico personalismo que ha sido la ruina del sistema político de Venezuela desde su inicio. La renovación no puede ser un mecanismo para legitimar las mismas caras, el medio debe ser la oportunidad para que nuevos liderazgos broten, en caso contrario las reservas del pueblo con su clase política se mantendrán.
El desarrollo de una plataforma de negociaciones semipermanente mas inclusiva, podría crear alguna apertura para la cooperación en lo inmediato, particularmente en temas humanitarios que requieren la liberación de activos venezolanos en el extranjero, activos que la oposición controla pero que necesitan ser coordinados con el gobierno de Maduro para poder ser utilizados con fines humanitarios. Las propuestas para restaurar las instituciones democráticas en Venezuela exigen una forma de gobierno de concertación. A pesar que los actores se mantienen de su posición de adherirse estrictamente a la constitución venezolana, que no permite tal concesión. Pero podría haber espacios para canalizar muchas decisiones nacionales, a un organismo de negociación establecido para su resolución y colaboración.
La unidad no puede ser un monopolio de la plataforma unitaria democrática, sino la promoción de un medio para aglutinar a todos los opositores que desean un cambio. Las diferencias existen entre los factores opositores democráticos, las cuales son naturales y sanas, no se pide la renuncia a sus posiciones, simplemente que acuerden una ruta para el cambio, entendiendo que unidos en la coyuntura es posible. Las persecuciones en este momento a activistas de partidos políticos en el pasado afectos al régimen, son la evidencia del temor por la posibilidad que factores políticos antagónicos puedan unirse, en virtud de la situación económica y social que golpea a todos por igual.
Es una realidad inocultable que, el régimen ha cerrado prácticamente todos los canales para el disenso político, restringido las libertades civiles y judicializado a quienes perciben como opositores, con total desestimación del debido proceso. La grave crisis humanitaria por la que atraviesa el país implica que millones de personas están luchando por cubrir sus necesidades básicas, además de ser un factor que impulsa la emigración masiva. En este contexto la unidad como conspiración política, puede tener resultado positivo, si y solo si, los factores acuerdan una agenda común para avanzar en la recuperación democrática del país. Desde fuera del poder y desde dentro del poder pueden construirse asociaciones, planes y acuerdos para socavar el sustento del régimen, en el marco de la constitución, para propiciar la fractura de la coalición dominante. Las realidades económicas y sociales son más que palpables, magullan con dureza a toda la población, las incomodidades se expresan tímidamente en las calles. Sin embargo, a pesar de la represión por los reclamos el malestar sigue latente, difícil de resolver por este régimen, incapaz, negligente y corrupto. En definitiva, la unidad política coyuntural hoy debe pasar de la retórica a la concreción en agendas comunes, hay una posibilidad que no se puede perder.
@germanrodri
@germanoveja
24-7-2022



