Entre la solidaridad y el saqueo

El doblete de terremotos que sacudió a Venezuela el pasado miércoles 24 de junio,  ha dejado una estela de dolor que aún no terminamos de dimensionar, decenas de muertos, miles de heridos y muchos damnificados que han perdido sus hogares y, en muchos casos, a sus seres queridos. Pero junto a la tragedia natural, ha emergido una herida infligida por mano humana, los saqueos, los actos vandálicos y los robos por algunos delincuentes que han manchado la respuesta a la catástrofe en su hora más oscura.

En medio de la tragedia se han observado personas asaltando comercios destruidos, llevándose no solo alimentos, medicinas y agua, sino también electrodomésticos como televisores, lavadoras y aires acondicionados. Las imágenes son desoladoras, grupos de personas montándose sobre techos desplomados, atravesando calles rotas y vaciando anaqueles enteros de supermercados y farmacias.

No es solo el saqueo lo que indigna, es el cinismo de aprovechar el caos, la desesperación y la vulnerabilidad de una población que llora a sus muertos mientras otros cargan televisores entre los escombros. Mientras unos saqueaban, otros se volcaban a las calles para rescatar sobrevivientes

El verdadero rostro de un pueblo unido es el que se solidariza, el que da sin esperar nada a cambio, pero el saqueo empaña esa nobleza, mancha la memoria de los caídos e insulta a quienes han perdido todo.

Si algo nos ha enseñado la historia y la esencia misma del venezolano, es que nuestra capacidad de resistir y levantarnos es infinitamente más fuerte que cualquier adversidad de la naturaleza. La tragedia ya es suficientemente devastadora, no permitamos que la vergüenza sea su segunda réplica.

Redacción C.C.

27-06-2026