La vía dolorosa del pueblo

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

La miseria material en Venezuela ha crecido a niveles alarmantes, lo cual es indigna a la condición humana, y es función de todo Estado tratar de que sus habitantes vivan en condiciones que los alejen de ella. Esto se logra con la existencia de instituciones y normas que, en un régimen democrático, consagra en su Constitución la garantía de la libertad, los derechos fundamentales, la separación de poderes, el principio de legalidad y la protección judicial frente al uso arbitrario del poder. Desafortunadamente observamos con profunda preocupación como en Venezuela, no existe la noción de Estado. Las instituciones no resguardan los derechos fundamentales de los ciudadanos, en consecuencia, el abuso de poder es práctica común de la Tiranía que detenta el poder, encabezada por Maduro. Produciéndose un entorno de anarquía, en el cual el régimen permite y consiente algunos desordenes y caos en las diferentes esferas, tanto político, económico y social. Dosificando el monopolio en el uso de la fuerza, para preservar el poder en este caos permanente en el que sobreviven los venezolanos. La autoridad es aplicada de forma selectiva, para algunos individuos es abusiva y para otros es inexistente. En el marco de la pandemia las celebraciones son prohibidas para unos y consentidas para otros, el criterio para la mimada es la fidelidad al régimen, sin importar los riesgos de contagio.  

La vía dolorosa que transito nuestro Señor Jesucristo en su viacrucis o camino a la cruz, está marcada por las etapas y momentos vividos desde su aprensión, crucifixión y sepultura.  El término viacrucis también se utiliza usualmente para explicar todo tipo de dificultades que se presentan en la vida cuando se persigue alcanzar unos objetivos. En estos días santos matizados por la pandemia, las dificultades que padece el pueblo venezolano, se asimilan al sufrimiento infringido a nuestro Señor. Los ciudadanos enfrentan un conjunto de peligros creados por un régimen que ha pasado todos los límites imaginados para mantener el poder. Las pocas vacunas recibidas para combatir el COVID-19, son suministradas con criterios políticos, manteniendo en riesgo a la primera línea de atención de los enfermos. El acuerdo alcanzado para la obtención de vacunas a través del convenio covax, es violado por el régimen, dejando a la población a merced de un virus altamente letal. Decisión política que demuestra el desprecio y odio que ostenta la elite gobernante por un pueblo cansado de tanto olvido.        

La compra de los productos de la cesta básica y los medicamentos son un camino doloroso, si se consiguen los precios hacen inviable la satisfacción de la necesidad atribuida al bien. La desnutrición infantil es una muestra de esa triste realidad, de igual manera ocurre con los pacientes con enfermedades crónicas que son sentenciados a una agonía por la ausencia del medicamento requerido para atender la patología. La pérdida de peso no programada es una expresión de la ruta criminal que este régimen le aplica al pueblo. La miseria viene en bolsas y el lujo y el confort en bodegones. La situación de los servicios no es menos de traumática, poder contar con agua potable para mantener el mínimo protocolo de bioseguridad ante el coronavirus es una odisea. La luz eléctrica y el gas doméstico brillan por su ausencia, condenando a la mayoría de la población a retroceder a épocas superadas, como cocinar con leña y alumbrarse con velas.

En Latinoamérica se espera una recuperación económica en promedio para el 2.021 del 4 % para toda la región, tristemente Venezuela sigue siendo la mancha oscura del hemisferio con una caída estimada del 3,5 %. La dictadura hace muy poco para erradicar la miseria, por el contrario, las medidas que toma alimentan el desarrollo del caos evidenciado en las preocupantes cifras de informalidad del trabajo. El sistema educativo en el suelo en todos los niveles, salarios miserables    infraestructura maltrecha y erráticas medidas tomadas dejaron a la educación en su peor momento. Estos son los latigazos recibidos por el pueblo en la ruta para su crucifixión. La educación y el trabajo son herramientas fundamentales para combatir la miseria, que tiende a repetirse en forma generacional, ya que de padres que viven en una pobreza extrema nacerán niños que no podrán concurrir a colegios y no estarán preparados para salir de esa situación marginal en la que se hallan insertos como rehenes del sistema, pues sin educación les será difícil, si no imposible, conseguir empleos que les proporcionen una mejor calidad de vida. Esta vía dolorosa es elaborada de forma intencional, con la finalidad de quebrar la resistencia del pueblo. Cada medida, cada improvisación, cada represión son latigazos recibidos, sin embargo, no serán suficientes para quebrar el amor por esta tierra. Los venezolanos se niegan a morir crucificados por una dictadura que ha dejado a su paso un país devastado por una economía de guerra, con consecuencias gravísimas en la sustentabilidad de los programas sociales. Es obvio que esta pandilla, sobre todo del estamento militar, busque desde una posición de fuerza derivada de la represión sostener el poder. El Estado venezolano se convirtió en un Estado Fallido, que pone en peligro a sus propios ciudadanos y amenaza a sus Estados vecinos a causa del flujo de refugiados, inestabilidad política y crisis humanitaria. La falla del Estado venezolano se expresa en una situación económica deplorable que condena a los ciudadanos a la pobreza extrema, obligándolos a abandonar su territorio en el contexto de una pandemia mundial. Se producen en el territorio enfrentamientos armados vulnerando la soberanía nacional. El componente de seguridad renuncia a su competencia, y toda la estructura judicial acompaña el abandono. Tristemente todavía quedan momentos y etapas dolorosas por vivir por el pueblo venezolano, hasta su liberación y la recuperación de su democracia.    

gguillermorb@yahoo.com

@germanrodri

@germanoveja

03-04-02021