Por: Ramón Sosa Pérez…
Sus orígenes los hallamos a partir del siglo XIII el 1 de agosto de 1218 en Barcelona cuando aparece ante el mismísimo Jaime I, monarca de la Corona de Aragón. A su devoción se aferró la iglesia para recuperar los territorios arrebatados por los musulmanes y se cuentan por miles los cautivos libres gracias a la intercesión de la Virgen de Las Mercedes.
Para 1527 en el llamado desde entonces Santo Cerro de La Vega, en República Dominicana “está el vestigio más antiguo de la devoción”, de manera que de Europa vino a América con la evangelización y en 1638 la Orden se fundó en Caracas gracias al ascendente dominicano que implantaba la sólida relación administrativa y comercial con esta tierra.
De manera expedita en Venezuela la fe mercedaria tocó los corazones en forma sucesiva por Guárico, Táchira, Anzoátegui, Nueva Esparta y Mérida. En distintos pueblos de la comarca andina la Virgen de Las Mercedes ejerce benévolo patronazgo, pero hoy destacamos su presencia devocional en El Vallecito de Mérida, bucólico rincón de la serranía.
Allí su veneración es admirable y a través de generaciones mantienen viva la confianza mercedaria ante necesidades y apremios de salud. La crónica local es abundosa y generalizada con refrenda de su génesis en la guerra federal y devoción sesquicentenaria, según el relato lugareño en mezcla de historia, fe e identidad cultural única.
La Virgen de La Montaña, como también se conoce en El Vallecito, goza de amplio favoritismo popular. La recluta de hombres para la guerra en la llamada Guerra Larga no distinguía edades ni condiciones. Juan de Dios Parra, un lugareño labrador fue apresado y su mujer recibió encargo del sacerdote que lo encomendara a La Virgen de Las Mercedes.
El relato da cuenta que la buena mujer, de nombre Eufrasia, recibió una imagen que le regaló el Padre Matute, inició la Novena y al cabo del día 9 Juan de Dios fue dejado en libertad y regresó con los suyos, sano y salvo, en lo que se ha difundido en la tradición oral como el primer milagro de La Virgen de Las Mercedes en la idílica aldea merideña.
La advocación mariana obraba maravillas en salud y bienestar. Los esposos Parra Pico, que tenían la reliquia en su choza de la montaña, siguieron el consejo del Padre Francisco Caputti, Párroco de Milla, para hacerle la ermita. Los vecinos se abocaron a la diaria faena y al cabo de unos meses hubo la primera fiesta mercedaria de pompa y boato.
El 30 de agosto de 1919, como consta en los documentos verificados, Don Tulio Febres Cordero donó la primera campana a la Virgen de Las Mercedes y el 11 de septiembre se inaugura la capilla con la bendición del Rector del Seminario y Secretario del Obispo de la Diócesis Antonio Ramón Silva, Presbítero Dr. Enrique María Dubuc.
En 1930 el vecino Manuel Pirela dona el terreno para ampliar la modesta capilla y 9 años más tarde, Monseñor Acacio Chacón, Arzobispo Metropolitano, bendice el novísimo templo, en medio de una masiva asistencia de promeseros, entre quienes no faltó la alegría de pólvora y música de cuerdas con la primera participación devocional de los Noveneros.
El Vallecito se hizo lugar de peregrinación a la fiesta de septiembre. Las novenas, procesión y música de cuerdas so parte esencial de la piedad sesquicentenaria. En 1983, el Padre Onías Mora propuso al mayordomo Eliodoro Avendaño que uniera a los vecinos para agrandar la capilla, secundados por los ingenieros William Castillo y Raúl Estévez.
El devocional familiar ha consolidado la fraternidad en derredor del fervor mariano. A sus fieles los embarga el júbilo en los días precedentes. Una semana anterior al comienzo de la Festividad, en bonita ceremonia bajan la imagen del Altar Mayor y la depositan en su relicario construido ex profeso para que la imagen guíe el Novenario en la comunidad.
Posterior a ello y antes del 24 de septiembre, fecha central de su devoción, se despide en procesión hasta la iglesia de San Juan Bautista, en Milla. Desde El Vallecito todos bajan a la misa para celebrar con su patrona en un acto confesional sin precedentes y allí quedará hasta el primer domingo de diciembre cuando la comunidad participa del retorno.
En su tierra de afectos la esperan con fastuosidad y los vecinos de El Vallecito se han preparado para el admirable recibimiento popular. Habrá Eucaristía, pólvora, música de cuerdas y campanas al vuelo porque la Patrona ha retornado a casa. El rostro jubiloso del vecindario transmite esa mezcla inédita de fervor, piedad y alegría cristiana.
Esta fiesta tiene lugar en El Vallecito de Mérida, un idílico rincón natural donde se conjugan para bien de la pastoril comunidad andina, la espiritualidad, la piedad mariana y la cercanía familiar en derredor de la especial devoción a su Excelsa Patrona, Nuestra Señora de Las Mercedes, cuya fiesta central es el 24 de septiembre de cada año.
21-09-2025




