In memoriam
La sociedad merideña de buen corazón y principios morales, está conmocionada por la lamentable y terrible noticia del vil asesinato, de un joven, honesto, alegre, y que quería dedicar su vida, de hecho, ya lo hacía como enfermero, a aliviar el dolor de los demás.
Con mucho entusiasmo y no pocas dificultades, Rolando Vela, llegó a Mérida procedente de Tovar para, en una ciudad tranquila, rodeada de montañas, hacer sus estudios, los que su vocación de servir, se materializaban en la profesión de la enfermería. Ya se había graduado de TSU, ya trabajaba en centros de salud,ya prodigaba sus cuidadosa quienes lo necesitaban y por su fuera poco, su voluntad y deseos de ser cada día mejor, lo impulsabana cursar el 7mo semestre en la Escuela de Enfermería de la Universidad de Los Andes. Estaba a punto de graduarse, estaba a punto de alcanzar un sueño más. Pero, cayó una tarde, abatido por la acción demoníaca de manos perversas que, sin mediar palabra y “para arrebatarle lo que llevaba”, incluso su bolsa con comida, le quitaron lo más preciado, su vida, una vida útil, promisoria y llena de amor y solidaridad.
Llegó con signos vitales al hospital, pero los esfuerzos de los médicos y de sus compañeros no valieron de nada. Las heridas mortales, acabarían con su existencia, ante la mirada afligida, atónita y llena de impotencias, de quienes lo conocieron, lo apreciaban y trabajaron junto a él. Un silencio sepulcral invadió el recinto, un sufrimiento profundo se sintió en el aire.
Rolando Vela, de apenas 24 años de edad, con su rostro dulce y modales amables; el que siempre estaba dispuesto a colaborar, se fue de este mundo, sin una despedida, sin una razón. No encontramos explicación que nos aclare lo inaudito, lo abominable, lo repudiable, porque nada justifica, la actuación cruel y despiadada de los que, no conformes con robar, se ensañan, movidos por los bajos instintos, y asesinan.
Este buen muchacho, de grandes ideales y conducta intachable, tuvo su encuentro con la muerte, en un país que clama por seguridad, que exige medidas,que ya no aguanta más, la pérdida de compatriotas valiosos en manos del hampa. Cabe preguntarse, ¿dónde quedaron todos aquellos planes de seguridad, puestos en marcha por el gobierno? Han sido tanto que hemos perdido la cuenta, pero los resultados no se ven.Y es que la descomposición moral y la falta de valores, se ha ido apoderando de nuestra sociedad, como la mala yerba que lo cubre todo.
Nadie está seguro en Venezuela. El hampa no tiene horarios y realiza sus fechorías a cualquier hora del día o de la noche. Los ciudadanos sentimos miedo de perder la vida, cualquier madrugada, rumbo al mercado, o en una tarde cuando compramos medicinas o paseamos a la mascota. Impera el terror.
Lamentamos lo sucedido profundamente, nos unimos al luto que embarga a la familia de Rolando, a sus amigos y compañeros de estudio. Nos solidarizamos con su desconsuelo y esperamos que esa muerte, injusta, dolorosa, irreparable, sea esclarecida por los cuerpos de seguridad, a quienes le compete y que los culpables de tan abominable crimen reciban el castigo que merecen.
Ya Rolando no está entre nosotros, pero aún quedan jóvenes con ganas de amar y dedicarle sus fuerzas a su país, entonces, hay que actuar con decisión para mejorar las condiciones de vida, la seguridad, la tranquilidad, de los que seguimos aquí, de los que como Rolando Vela, expresan “todo bien,! Adelante!Venezuela nos necesita “
Y ante tanta ignominia, nos aferramos a lo que dice el Evangelio de San Mateo Capitulo 25, versículos 51-52 “Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo: «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere.”
Rolando, seguirá cumpliendo su misión, más allá de las estrellas y será feliz, porque las puertas del cielo están abiertas para las alamas nobles, como la de él.
A.E.L.L.C.C.



