Las aceras no son para los carros

Las aceras, que en teoría son el único territorio seguro para el que camina, se han convertido en el paso improvisado de motorizados impacientes y conductores «vivos» que no quieren comerse la cola o que simplemente estaciona su carro en la acera porque no quieren pagar un estacionamiento, pero esto no es «viveza criolla», esto es poner vidas en riesgo por unos segundos.

Todos sabemos que el tráfico en Venezuela es una locura, hay colas eternas, huecos que parecen piscinas, y la paciencia se fue de viaje hace rato. Pero el que estemos apurados o estresados no nos da el derecho de usar la acera como si fuera una pista personal.

Subirse a la acera con una moto o el carro para ganar un puesto no es de «vivo», ni de «pilas», es, simple y llanamente, una falta de respeto y una violación a la ley de tránsito. Pero lo más grave es que nos estamos acostumbrando. Ya nos parece normal que un motorizado nos pite o nos insulte por estar caminando donde debemos caminar.

¿En qué momento el peatón se convirtió en el obstáculo? Las leyes de tránsito no están para molestar, están porque es de sentido común, un cuerpo de carne y hueso nunca le va a ganar a un hierro de 150 kilos a 40 km/h.

Cuando alguien se sube a la acera, no solo está violando una norma, está poniendo en riesgo a los más vulnerables, por ejemplo, la abuela que cruza despacio, una mamá con un coche que no puede saltar a la calle, un niño que viene de la escuela distraído, alguien con una discapacidad o movilidad reducida; y mientras el conductor se cree en un videojuego, ellos pagan el las consecuencias y el abuso de la norma.

Además, las aceras no aguantan ese peso, los vehículos las rompen, las parten y las destruyen más rápido de lo que el municipio puede (o quiere) arreglarlas. Así que al final, hasta los que caminamos bien terminamos tropezándonos con baldosas rotas, por los mismos que se quejan de que las calles están feas.

A los jóvenes como yo nos enseñan que las leyes son aburridas y que solo sirven para que te pongan una multa, pero las normas de tránsito son mucho más que eso, son un pacto de convivencia. Respetar el semáforo, no pasarse la luz roja y no invadir la acera es el mínimo para no vivir en una jungla.

A los adultos que manejan: bajen el estrés. Ni un delivery, ni una cola, ni la carrera más importante del mundo valen el riesgo de atropellar a alguien.

A los jóvenes que empiezan a manejar moto o carro, no hereden las malas mañas. Ser buen conductor no te hace menos «pana». Te hace una persona decente.

La regla es simple y no necesita un abogado para entenderla, la calle es de los vehículos, la acera es del peatón. Respetar esa línea puede parecer una tontería, pero es lo que separa llegar sano a casa de terminar en la emergencia de un hospital.

Marco Antonio Sosa Villamizar

Estudiante de 3er año de bachillerato

Colegio Micaeliano-Mérida

07-06-2026 (148)