¿Las Brics+ ahora sin India?

Recordemos que los BRICS+ son una alianza ampliada de economías emergentes que incluyen a Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica estos como miembros fundadores, se les suma Egipto, Etiopía, Irán y los Emiratos Árabes Unidos (con Arabia Saudita también participando). Desde 2024-2025, el bloque busca impulsar un orden multipolar, representando por más del 40% del PIB global y la mitad de la población mundial. Fomentar el uso de monedas locales en el comercio internacional para reducir la dependencia del dólar estadounidense es una de sus principales premisas, sin embargo en los últimos días trascendió que India no comprara más petróleo Ruso, Donald Trump hizo el anuncio esto para favorecer el crudo Estadounidense y venezolano, pero la situación real es más compleja Trump afirmó que el primer ministro indio, Narendra Modi, se comprometió a cesar estas compras como parte de un acuerdo para reducir los aranceles del 25% al 18% que afectaban a los productos indios.

Ahora bien, el gobierno indio no ha confirmado oficialmente un cese total. Su secretario de Exteriores, Vikram Misri, subrayó que la prioridad de la India es su seguridad energética y que las decisiones de compra se basan en condiciones de mercado y precios justos pero la realidad es que las grandes refinerías estatales y privadas han comenzado a evitar la compra de cargamentos rusos para los meses próximos de marzo y abril del 2026 mientras se termina de definir el acuerdo comercial con Washington. Los datos ya muestran que las importaciones de crudo ruso en India cayeron a su nivel más bajo en 38 meses en diciembre de 2025, mientras que las compras a Estados Unidos y Venezuela están en aumento para cubrir ese vacío.

De igual manera, se debe anticipar que el bloque BRICS+ no está muriendo, pero está mutando de una alianza de cooperación a un «club de conveniencia». La decisión de India marca el inicio de una era de geoeconomía a la carta, donde los intereses nacionales de los mercados emergentes pesan más que la retórica de un nuevo orden mundial, o tal vez ese nuevo orden es el mismo de siempre. Desde la llegada al poder de Trump y la guerra de aranceles, la geopolítica ha venido teniendo un papel preponderante, por un lado, Estados Unidos de Norte América ha buscado seguir en el primer peldaño de este nuevo orden mundial y por otra parte ha iniciado la búsqueda de nuevos y antiguos socios, con el fin de debilitar a China y Rusia.

Entre tanto, Venezuela empieza a jugar un papel importante pues la economía post 03 de enero inicia con una nueva ley de hidrocarburos lo que abriría la puerta a nuevas inversiones y a los anuncios del propio presidente Trump de 100.000 millones de USD en los próximos seis meses, actuando este al mismo tiempo como un bróker del crudo Venezolano por sus intereses geoeconómicos buscando así alianzas con India otorgando beneficios arancelarios y entonces debilitando de algún modo el mercado Ruso. Asimismo, India viene actuando dentro del bloque como un país neutral, es decir, su reducción del mercado energético ruso no es una traición, sino un cálculo de costo de oportunidad, pues el costo de mantener aranceles elevados con EE.UU su principal socio comercial supera el beneficio del descuento marginal del crudo ruso, especialmente si EE. UU. ofrece alternativas competitivas y estabilidad en el acceso a tecnología de semiconductores requeridos para el desarrollo económico de este país.

El retorno de Venezuela al mercado energético global, bajo el ala de la administración Trump, no es una coincidencia, sino un reordenamiento sistémico. Para India, Venezuela representa el nuevo-viejo socio que permite resolver un trilema económico: cumplir con las exigencias de Washington, mantener el suministro de crudo pesado para sus refinerías de alta complejidad (como las de Reliance Industries) y castigar los márgenes de ganancia de Rusia sin desestabilizar sus propios costos internos. Venezuela emerge entonces no como un invitado de última hora, sino como el sustituto natural que hace viable la salida de India del esquema ruso. Se reconecta, pero bajo una arquitectura diseñada en Washington, dejando a los BRICS+ con un discurso de soberanía que choca de frente con la realidad de los flujos de capital y la infraestructura de refinación que se presenta desde este año 2026.

En este mismo orden de ideas, la decisión de Modi demuestra que el bloque no tiene una unión aduanera ni una política monetaria común, lo que lo hace vulnerable cuando uno de sus miembros recibe una oferta mejor, como en este momento pues una reducción de aranceles del 7% es un numero interesante, sumado a que los BRICS parecen no avanzar más allá de su discurso y reuniones a un bloque que realmente genere contrapeso a las políticas de occidente, su ultimo anuncio sobre la propuesta de moneda común se debilita, pues el proyecto del «R-Unit», sigue sin avances interesantes ya que el flujo comercial más grande dentro del bloque se interrumpe.

Finalmente, ¿estamos ante las BRICS+ sin India? Más bien, se presencia la maduración de una India que se niega a ser satélite de cualquier bloque. El pragmatismo de Modi subraya la fragilidad estructural de los BRICS+ y la falta de una arquitectura institucional vinculante que permita que incentivos bilaterales, como los ofrecidos por Washington, lo que desmantela la narrativa de unidad del bloque. Al final del día, en la geoeconomía del siglo XXI, las alianzas no se firman con ideología como en el pasado, sino con la eficiencia del balance comercial y la seguridad energética, sumado a que los cambios políticos en Venezuela incluyen a nuevo actor que permitirá a Estados unidos lograr sus objetivos en materia energética, claro está, siempre y cuando sus empresas petroleras le acompañen en las inversiones requeridas para tal fin, una interrogante que será disipada en los próximos meses.

Aldo Contreras Sanita.

Doctorando en Economía Aplicada (ULA)

IIES-FACES

01-03-2026