(Mateo 6, 1-6.16-18)

Miércoles de Ceniza

Mateo, en primer lugar, escribe, “tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres”; en segundo lugar, “cuando des limosna no lo anuncies con trompeta”; en tercer lugar, “cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas”, y, en cuarto lugar, “cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste”.

Por consiguiente, de esos cuatro elementos hieráticos deduzco el título de la reflexión de este Miércoles de Ceniza de 2026: “las fundamentales obras de Piedad: Limosna, oración y ayuno”.

Benedicto XVI, en su última homilía como Papa, 13 de febrero de 2013, recalcó la energía de esta expresión del profeta Joel, (1ª lectura), “con todo el corazón”, que significa una conversión “desde el centro de nuestros pensamientos y sentimientos”.

Esto es, lo que la Iglesia nos pide en este Miércoles de Ceniza y en todo el tiempo de Cuaresma, es que vivamos, no únicamente la dialéctica de los vocablos, piedad, limosna, oración, ayuno, conversión, sino que asimismo los vivamos en la sinceridad del corazón en la que la realidad de los mismos es una disponibilidad de cambio y que el cambio es efectivamente verdadero.

En efecto, si no notamos cambios, “desde el centro de nuestros pensamientos y sentimientos”, llegamos a ser los esclavos mudos de una hipocresía inerte, similar a la descrita por Jesús en el texto sagrado.

La hipocresía nos lleva a definir una experiencia demasiado rara: La pretensión de hacer obras de psicoanálisis del espíritu de un soñador que vive lejos de sus defectos; que olvida distinguir entre las acciones hueras —exagerada publicidad de sus obras de piedad— y las cabalmente naturales, limosna, oración, ayuno. “Enluten su corazón –escribe el profeta Joel– y no sus vestidos”.

La consciente, correcta, humana realización de las obras de piedad no es cuestión de una psicología ascensional, sino la de un hombre o una mujer que luchan grandes o pequeñas batallas internas con el objeto de no paralizarse en sus aflicciones, sino de enriquecer, en la higienización de su ser, la dinámica de la ascensión hacia Dios, con la oración, hacia el prójimo, con la limosna, y hacia sí mismo, con el ayuno.

De este modo, al ritmo de esta estrofa del salmista, “crea en mí Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos”, demos paso al dinamismo de la creatividad, a partir del cual percibimos la normal animación que recibe nuestro ser cuando lo sometemos, en cuerpo y alma, a la genuinidad sanadora de las obras de justicia.

Tal dinamismo nos evite ceder a la monotonía esas actividades del espíritu, y aceptarlas como meros instrumentos analíticos, según los cuales su significado profundo y vital desemboca en una especie de “deber de la curiosidad”, o sea, más ruido en la propaganda, en los programas, en las redes, que a los pies del Santísimo Sacramento (Santo Cura de Ars).

Por eso, las lecturas y el evangelio de este Miércoles de Ceniza 2026, nos encaminan a buscar, encontrar y justificar en la limosna, la oración y el ayuno, su oriundo aporte a la estética del secreto divino, pues, después de aludir al simple gozo de la vista por “las obras de piedad”, Jesús afirma: así “no tendrán recompensa con el Padre celestial”; y luego de ayudarnos a discernir la práctica de la limosna, la oración y el ayuno, resalta, “y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

18-02-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com