Por: Rocío Márquez…
Expertos en alimentación saludable, en cuidado de la piel, en crecimiento personal, en manifestaciones al universo, en productividad, en espiritualidad. ¿No le pasa, amigo lector, que entra a Instagram o TikTok y parece que hay más “expertos en vida” que vidas? Como si todo el mundo supiera exactamente qué hacer y estuviera listo para explicarlo en 30 segundos.
Y es que las redes sociales ya no son solo un lugar para mirar lo que hacen otros. Se han convertido, poco a poco, en un espacio al que entramos a buscar respuestas.
A veces se sienten como un oráculo accesible e inmediato. Abrimos la aplicación y ahí están las recomendaciones sobre qué comer, cómo sanar, cómo amar, cómo “elevar la energía” o cómo volvernos nuestra mejor versión.
¿Expertos en cómo debemos vivir?
Allí, en ese escenario inundado de consejos, aparece la figura del “experto en vida”. No necesariamente alguien con una trayectoria institucional, sino alguien que sabe comunicar certezas. Coaches, terapeutas, mentores, creadores motivacionales. Personas que ocupan un lugar que antes estaba más ligado a la familia, la religión, la universidad o incluso la consulta profesional. Pero que se hacen llamar o son llamados influencers, y por eso y por la cantidad de seguidores nos parece que tienen autoridad.
Lo curioso es que seguimos esos consejos sin saber demasiado sobre quién los da. ¿Esa vida que muestran es realmente así? ¿Es sostenible? ¿La muestran completa? La mayoría de las veces no lo sabemos. Pero la seguridad con la que dan consejos alcanza para convencernos.
El problema no son los consejos. Siempre los hemos buscado. La cuestión está en cómo se construye hoy la autoridad. En redes como TikTok, Instagram o X, no hace falta demostrar demasiado. Basta con parecer consistente. Buenas imágenes, frases claras, testimonios, cercanía, constancia. Con eso es suficiente. La credibilidad se arma con lo visible y funciona.
Ahí es donde la lógica de las plataformas pesa. Los algoritmos no se detienen a evaluar si algo es cierto o no. Lo que importa es si engancha, si retiene y si se comparte. Debido a ello, circulan mejor las respuestas simples que las preguntas complejas, y las fórmulas que lo resuelven todo en listas aparentemente sencillas: 3 cosas que deberías saber para ser una mejor madre, 5 pasos para tener una vida feliz, cómo perder diez kilos en una semana, y así sucesivamente. Lo dudoso incomoda mientras que lo seguro se guarda y se comparte.
¿Qué vacío llenan o qué sentimientos validan?
Por supuesto, hay que entender que muchas personas encuentran en estos contenidos una forma de entender lo que les pasa, o una manera de llenar un vacío, o una compañía que valida lo que están sintiendo. Un lenguaje más cercano, menos técnico, más inmediato.
No obstante, es necesario darse cuenta de los riesgos evidentes: interpretaciones erróneas, banalización de problemas profundos que requieren de una visión profesional, o simplemente el riesgo de caer en la generalización: todas las vidas son iguales, todos los procesos se pueden tratar de la misma forma, cuando sabemos que no es así. Incluso, puede surgir la necesidad de lograr una vida perfecta como la que muestran en pantalla, cuando la vida real tiene sus subidas y bajadas.
¡Más expertos en vida que vidas!
Al mismo tiempo que usamos las redes sociales como oráculo, pasa algo curioso. Se habla mucho de autenticidad, de ser uno mismo, de vivir de forma genuina. Sin embargo, si miramos con atención, muchas de esas recomendaciones se parecen entre sí: Levántate temprano, medita, sana, pon límites, emprende, agradece, optimiza tu vida. Cambian las caras, pero el guion es bastante parecido.
Tal vez por eso la sensación persiste: Hay más “expertos en vida” que vidas. Porque en medio de tantas instrucciones sobre cómo vivir, la experiencia real —que está llena de dudas y contradicciones— queda desplazada. Porque las redes sociales no solo muestran vidas. También sugieren, de forma bastante insistente, cuáles valen más la pena vivir, y es conveniente tener cuidado con las consecuencias que ello puede tener en nuestra salud mental.
*Comunicadora Social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora en la Universidad de Los Andes, Táchira
05-05-2026
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