Por: Angélica Villamizar…
Venezuela ha sido sometida por más de dos décadas a un experimento populista que no solo destruyó sus instituciones, sino que convirtió la corrupción en sistema y la miseria en norma. En ese contexto, quienes aspiran a gobernar el país enfrentan un desafío que va más allá de los programas económicos o las alianzas políticas, deben aprender a comunicar la libertad en el ecosistema donde hoy se gana o se pierde la batalla por la imaginación colectiva, las redes sociales.
Como señalan Axel Kaiser y Gloria Álvarez en «El engaño populista», las tecnologías de la información han democratizado el poder de la comunicación, arrebatando a los gobiernos ese viejo monopolio de la verdad que durante décadas sostuvo a las dictaduras y a los regímenes clientelares. Las plataformas digitales se han convertido en herramientas elementales para movilizar masas contra gobiernos corruptos y tiránicos, tal como se ha visto en distintas partes del mundo. Pero también son utilizadas con gran eficacia por los propios populistas, que explotan el eslogan fácil, la consigna emotiva y la narrativa del resentimiento para persuadir a una población cansada y vulnerable.
La diferencia entre unos y otros no está en la herramienta, sino en el uso. El populismo venezolano ha dominado durante años las redes con un lenguaje visceral que apela a lo emocional e intuitivo, mientras que la oposición tradicional suele refugiarse en comunicados formales y análisis fríos que operan lo racional y lento. Ese error ha sido costoso.
Hoy, quienes pretenden liderar la reconstrucción de Venezuela deben entender que las redes sociales no reemplazan el trabajo académico serio ni la propuesta institucional sólida, pero son su complemento indispensable para construir nuevos imaginarios. Cualquier persona puede participar en la batalla de las ideas y contribuir a desmantelar el engaño populista. No se trata de imitar las tácticas emocionales del chavismo, sino de utilizarlas con inteligencia y valentía para conectar con la gente desde la verdad y la esperanza.
Un líder venezolano que use bien las redes sociales no solo denunciará la corrupción; contará historias de emprendedores que lograron prosperar pese al régimen. No solo publicará cifras de inflación; mostrará imágenes de cómo sería una calle con alumbrado público, una escuela sin adoctrinamiento, un hospital sin extorsión. No solo argumentará con razón; hará sentir que la libertad no es un concepto abstracto, sino el camino para recuperar la dignidad perdida.
Para fortalecer las instituciones, la libertad individual y el Estado de derecho en un país ya cansado de tanta miseria, mentiras y engaños, los futuros gobernantes de Venezuela deben asumir las redes sociales como un campo de batalla central. No para propagar odio, sino para construir un nuevo sentido común democrático. Porque la próxima elección no se ganará solo en los centros de votación, sino en cada pantalla, cada historia, cada comentario que siembre la certeza de que otra Venezuela es posible. Y esa certeza, hoy, se construye con inteligencia emocional, optimismo y una estrategia digital a la altura del desafío.
18-06-2026 (173-2026)
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