El Papa León XIV ha querido hoy dirigir “una palabra serena y firme” a quienes tienen “la grave responsabilidad de ordenar jurídicamente la convivencia social”. En la mañana de este lunes 8 de junio, el Santo Padre ha pronunciado un amplio discurso ante los miembros del Parlamento español, en la que ha supuesto la primera visita de un Pontífice al Congreso de los Diputados.
Durante su intervención, advirtió de que esta convivencia social puede verse amenazada por la cultura del descarte. Por ello, planteó a los presentes una serie de preguntas: “Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?”.
La Iglesia camina con la humanidad
El Papa León XIV llegó al Congreso de los Diputados a las 10:30 horas, tras mantener un encuentro privado con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Pérez-Castejón. A su llegada al Palacio del Congreso fue recibido por la presidenta de la Cámara, Francina Armengol; el presidente del Senado, Pedro Rollán Ojeda; y otras autoridades.
En el Salón de Plenos, Armengol dio la bienvenida al Pontífice con un discurso en el que aseguró que, “en tiempos de incertidumbre global”, “necesitamos más que nunca espacios de encuentro”.
Por su parte, el Santo Padre inició su intervención —que fue aplaudida durante más de cinco minutos al concluir— recordando que la Iglesia “camina con la humanidad”, “comparte sus esperanzas y sus heridas”, “escucha los interrogantes de cada época” y se deja interpelar “por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y mujeres de hoy”.
Por ello, precisó que, cuando la Iglesia se dirige a la vida pública, “lo hace respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar”.
El ser humano como criatura abierta a la verdad
León XIV señaló además que toda tarea legislativa termina encontrándose con una cuestión decisiva: “qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construyen esas leyes”.
En este sentido, recordó que España posee una memoria histórica particularmente rica, ya que su identidad geográfica y política “se ha ido entretejiendo con una historia en la que la fe y la razón, el arte y el derecho, la tradición y el pensamiento han sabido encontrarse fecundamente”.
Evocando las páginas del Quijote, la hondura espiritual de santa Teresa de Jesús y la inquietud metafísica de Miguel de Unamuno, el Papa afirmó que “España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político”. Lo ha reconocido —observó— como una criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir.
Asimismo, recordó que, hace quinientos años, en la sede universitaria de Salamanca, cuando “se abrían mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos, algunos maestros comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente”. Introdujeron así en el discernimiento histórico “la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder”. El Pontífice reconoció que la sociedad y la misma Iglesia “no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana”. Sin embargo, destacó que “aquel interrogante abrió un horizonte intelectual y moral que desbordó su propio momento histórico”.
Unir la acción histórica con la lucidez de la razón moral
Desde España, la reflexión de la Escuela de Salamanca —y, de manera particular, fray Francisco de Vitoria, junto con otros dominicos y jesuitas— contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral “capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes”, ha subrayado el Pontífice en el hemiciclo. A su juicio, una de las grandes herencias de España consiste en “haber unido la acción histórica con la lucidez de la razón moral”.
León XIV señaló también que hoy “el progreso ofrece posibilidades admirables”, y lo vemos de modo singular “en el desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías”. Citando su encíclica Magnifica humanitas, recordó que “nuestro discernimiento debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común”. Por ello, insistió en que “toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana”.
La defensa de la vida humana
El Pontífice afirmó asimismo que “la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional”: “es una meta de civilización”. Toda vida humana, añadió, debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. En esta misma línea precisó que “cuando esta certeza se oscurece”, los más vulnerables “son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona”. Según el Papa, la grandeza moral de una nación se manifiesta “en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad”.
También alertó de que cuando el bien común “deja de ser horizonte compartido”, la acción pública “corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos”. En este contexto destacó la importancia de la familia, “realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad”. En el hogar – afirmó – se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, “se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones”. El Papa aseguró que la familia será la primera escuela en la que se aprende la gramática elemental de la convivencia: “recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer”.
La necesaria respuesta al trágico drama migratorio
El Papa subrayó igualmente el papel decisivo “de las instituciones educativas” donde “las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de cada persona”.
Por otro parte, dedicó unas palabras al “trágico drama migratorio” porque “interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional”. Esta realidad – lamentó el Pontífice – rebasa cualquier lectura puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica. Añadió que allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, “se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”. La situación de los migrantes y refugiados, subrayó, exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos. Tal y como explicó, de ahí nace una doble exigencia de justicia social: “ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración; y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, entre ellas las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática”. Asimismo, pidió fortalecer la prevención, el rescate y la asistencia a las víctimas, especialmente en el marco de una cooperación regional y multilateral. Ninguna nación – señaló – puede afrontar por sí sola un desafío de esta magnitud.
La paz exige valentía diplomática
Por otro lado, León XIV advirtió sobre la profunda crisis espiritual y cultural que atraviesa el mundo. En este contexto afirmó que “la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral”. En el ámbito internacional, explicó, la paz exige “valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo” así como “la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional”. Las armas, advirtió el Papa, pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera.
El Obispo de Roma alertó de que el desarrollo de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en el ámbito militar “exige una vigilancia ética rigurosa, para que las decisiones sobre la vida y la muerte nunca sean descargadas sobre automatismos ni sustraídas a la responsabilidad moral de la persona humana”. La comunidad internacional, añadió, está llamada a redescubrir el valor indispensable del diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza. Y reiteró que “la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.
La defensa de la libertad religiosa
Del respeto al otro – afirmó León XIV – nace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios. La atención a ese ámbito interior permite comprender mejor una cuestión decisiva: “la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas”. Asimismo, reconoció que toda sociedad efectivamente libre “requiere también una justa delimitación del poder público, de modo que la libertad de las personas, de las comunidades y de las asociaciones no sea indebidamente restringida”. También advirtió que “la legítima autonomía del orden temporal jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso”. La fe – reconoció – no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública.
España tierra de encuentro, cultura, solidaridad y esperanza
En la parte final de su intervención, León XIV afirmó que ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, “además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse”.
El Papa invitó a los presentes a alzar la mirada para recordar que las decisiones de las autoridades públicas “toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír”. Finalmente, expresó su deseo de que España “continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza”.
08-06-2026






