“Qué rápidamente se están pasando los meses”, dice una señora que conversa con otra en un puesto de verduras, pero si esto sigue así, ni una sopa vamos a poder preparar. Mira, exclama, mostrando una bolsa con un kilo de papas, esto me costó mi pensión completica”. La vecina contesta con una resignación marcada en su voz, “y lo peor es que la subida de precios no se detiene, y dígame, ahora todo es en dólares, y si no los tienes, te fregaste, porque el bolívar ya no sirve para nada. Esta situación da miedo, no hay nadie que le ponga un “parao”: Ya ni alimentarnos podemos-comenta mientras escoge 3 tomates y un cebollín.

Llegó marzo con un clima cambiante que se viste de frío, lluvia, neblina. A veces un sol esplendoroso, otras, nubes muy negras en el horizonte que amenazan con convertirse en tormenta.

Por donde vayamos, por donde caminemos, en donde nos encontremos las quejas de los ciudadanos se repiten con mínimas diferencias: la preocupación por este futuro incierto que tenemos los venezolanos. Sobrevivimos, a duras penas, al paso de los días, sin saber ni cómo lo logramos. Es algo inherente a nuestra idiosincrasia; es valentía, es coraje, es algo realmente inexplicable, que todavía se alberga en muchos nobles corazones donde todavía hay sonrisas y solidaridad, a pesar de que la mayoría está llevando una cruz muy pesada.

-Necesitaba dinero en efectivo- comenta una madre trabajadora que lleva de la mano a su pequeña hija – ningún cajero funcionaba- Por allí conseguí un negocio que vendía bolívares, pero el dueño quiso cobrarme 70 mil bolívares por cada cien mil que me entregara: toda es especulación, nos estamos matando los unos a los otros. Me tocó – continúa relatando – recorrerá a pie desde Las Tapias hasta el mercado Periférico, donde un alma caritativa, un médico, por cierto, al ver las condiciones en que nos encontrábamos, mi niña y yo, nos brindó un agua de coco y nos acercó a una parada, ¡que Dios le page a ese buen hombre-agradece la joven madre.

Marzo llegó con anuncios presidenciales;” Nicolás Maduro, comunicó que a partir de abril iniciarán las clases presenciales en el país. El regreso cumplirá- según el primer mandatario con los protocolos de bioseguridad extrema para evitar que los contagios aumenten”… Pero ante esta pretensión Gricelda Sánchez, secretaria de contratación colectiva y reclamos del Sindicato Venezolano de Maestros del Distrito Capital, señaló que el llamado a clases hecho por Nicolás Maduro es una burla al pueblo, teniendo en cuenta las condiciones insalubres y de destrucción de las escuelas venezolanas”. Buena parte de los planteles no cuentan con agua potable de manera regular o electricidad, esto sin contar los míseros salarios devengados por los maestros los cuales no les alcanza para comer o trasladarse a sus planteles diariamente, precisó Sánchez”…

Definitivamente, vivimos en dimensiones paralelas, una creada y mantenida por el oficialismo, donde todo marcha muy bien, y otra , la que experimenta cada ciudadano que siente y padece las calamidades que azotan a un país devastado donde “el 96% de los venezolanos se encuentran en situación de pobreza de ingresos y el 79,3% en pobreza extrema. El 30% de los menores de cinco años presentan desnutrición crónica y el 8%, desnutrición global, según datos recabados por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) que fue realizada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) A la fecha, pensamos que esas cifras han aumentado, porque se nota, se siente y se sufre.

Marzo también nos trae la Semana Santa o Semana Mayor y al respecto al Obispo de San Cristóbal, Mario Moronta nos dice: “La fe tenemos que hacerla crecer, pese a todo lo que está ocurriendo. En la Cuaresma vamos a reforzar la fe y la esperanza en la palabra de Dios, con la oración, con el ayuno, así encontraremos la fortaleza necesaria para afrontar nuestra realidad”

Transitemos marzo con fe y esperanza. Apoyémonos en nuestros amigos, y familiares cuando sintamos que los problemas nos aturden. Busquemos refugio en la naturaleza o en la lectura de un buen libro. Sintámonos arropados por el amor y la solidaridad, de los que nos quieren bien y recordemos que Jesús en el Sermón de la Montaña dijo:” Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados…! Preparemos nuestro espíritu para la Semana Santa y sigamos adelante!

Redacción. C.C.

03-03-2021