Ya estamos en el segundo mes del año y de verdad, pinta muy complicado para los venezolanos que ya no encontramos qué hacer para sobrevivir. Los precios de los productos de la cesta básica son incomparables para ese 95 por ciento de la población, que vivimos en condiciones de pobreza. No ha sido posible, entre otros desaciertos políticos, implementar medidas para detener la inflación que destroza hasta al dólar, el cual siendo ya la moneda de curso legal y rige todas las transacciones comerciales, tampoco es suficiente para cubrir las necesidades de los ciudadanos, porque aquí , todo , hasta una chupeta, cuesta más de un dólar y sube y sube sin control causando desasosiego en las familias al no poder alimentarse, comprar artículos de aseo personal y ni qué decir de las medicinas ¡Dios nos libre de una enfermedad grave! porque sencillamente no hay cómo hacerle frente. La situación es tan desesperante que hay personas que no pueden adquirir ni una pastilla para el malestar general.
“Yo cuando me duele la cabeza, me pongo pañitos fríos y hago un bebedizo de la matica de acetaminofén, que hay bastante por allí, comenta una señora a su vecina en una parada de autobús atiborrada de personas y algunas sin el uso adecuado de las mascarillas. El problema del transporte en Mérida es muy grave. La gente no tiene cómo pagar el aumento de los pasajes. Los chóferes no quieren recibir los billetes de bolívares devaluados y muchos buses no pueden salir por falta de combustible para sus unidades. Total, un caos.
La situación de la pandemia, aumenta la sensación de vulnerabilidad. Nadie sabe en qué momento ese virus que muta y ataca a diestras y siniestras, entra en tu organismo para hacer estragos. El coronavirus ya le puso nombre y conocemos los rostros de amigos, vecinos y familiares que han sucumbido al ataque de esta enfermedad en ocasiones fatal. Lamentablemente todavía la población no termina de entender que, por ahora y hasta que se pueda vacunar, solamente las medidas ya conocidas: el distanciamiento social, el lavado de manos frecuente, y el uso adecuado de tapabocas puede salvarla de un contagio.
La misma pandemia sigue causando desolación en los centros estudiantiles. Colegios liceos, universidades, se quedaron vacíos porque no puede haber clases presenciales, no solamente para evitar los contagios, sino porque la infraestructura de los centros educativos está deteriorada, y el hampa se enseñorea diariamente robando y destrozando lo poco que queda dentro de los edificios. Maestros y profesores, pilares fundamentales para la educación, también sufren las mismas circunstancias que oprimen un país sin norte, repleto de angustias, decisiones equivocadas, inflación desbordada, falla en servicios públicos. Apagones, en fin ya ustedes saben a qué nos referimos porque son pasajeros del mismo barco que surca a la deriva y no encuentra un puerto seguro donde atracar.
Llegó febrero, un mes donde se celebran importantes efemérides: 2 de febrero: día de la Virgen de la Candelaria, 3 de febrero: Natalicio del Mariscal Antonio José de Sucre. 4 de Febrero: Día Mundial contra el Cáncer. 12 de febrero de 1814: Batalla de La Victoria y Día de la Juventud. 13 de febrero: Día Mundial de la Radio y el 14 de febrero Día del amor y la amistad, entre otros, pero aquí en la Venezuela de la crisis profunda y estructural, no hay tiempo ni ganas para “celebraciones”, porque para festejar se necesita estar en condiciones sobre todo económicas. Será muy cuesta arriba, prepararle una cena romántica a tu pareja cuando, por ejemplo, 5 tomates y una cebolla, necesarias para un salsita con la cual acompañar una pasta cuestan, al día de hoy 1 millón 900 mil bolívares.
Pero a pesar de los pesares, en el mundo soplan vientos de cambio. Una nueva administración en los Estados Unidos que tal vez entienda que las sanciones impuestas por Trump, le han hecho mucho daño al pueblo venezolano, mucho más que a los que supuestamente quería sancionar, y entonces ya no habrá más excusas a las que achacarles todos los males del país.
Mientras tanto, sigamos adelante, que como dice la sabiduría popular “como vaya viniendo vamos viendo “. No perdamos la fe, la solidaridad entre hermanos, y la esperanza de que se encontrará una salida pacífica, democrática, consensuada y definitiva a esta la difícil encrucijada.
Los meses seguirán pasando e iremos contando los días para que Venezuela salga a flote, con fuerza y renovados bríos.
Redacción. C.C.
04-02-2021



