¡Llegó María!

Por: Rocio Márquez…

“¡Llegó María!”. Fue el grito que reunió este domingo a tantos venezolanos que celebraban la noticia del regreso de María Corina Machado. Pero mientras unos gritaban “¡Llegó María!”, en el horizonte parecía escucharse algo con mayor trascendencia: “¡Llegó la esperanza! ¡Queremos cambio!”.

Es que hay palabras que dicen más de lo que parecen. Para muchos venezolanos, la esperanza tiene el rostro de los hijos que se fueron, de los padres que envejecieron esperando abrazarlos nuevamente, de los amigos que se despidieron pensando que regresarían pronto, de los sueños que jamás llegaron a realizarse. Después de más de un cuarto de siglo bajo un mismo proyecto político, hablar de cambio significa también imaginar un futuro diferente.

“¡Llegó María!”, gritaban. Pero mis oídos insistían: “¡Llegó la esperanza! ¡Queremos cambio!”.

Entonces pensé en nuestra Universidad de Los Andes, próxima a celebrar elecciones para renovar sus autoridades después de dieciocho años. Una universidad y un país conectados aún más por la experiencia de esperar tanto tiempo que casi olvidamos cómo se siente la posibilidad de cambiar.

Dieciocho años. Casi una vida universitaria entera. Vimos graduarse generaciones de estudiantes, despedimos compañeros que buscaron otros horizontes, se jubilaron nuestros más admirados profesores y aprendimos a dar clases en condiciones inimaginables. Para quienes nos quedamos, hubo días en los que entrar a un salón o continuar una investigación se convirtió en un acto de resistencia.

La universidad siguió abierta, y qué bueno que así fuera. Aunque, de tanto repetirlo, pareciera que mantener sus puertas abiertas hubiera sido la hazaña personal de una autoridad. Como si los profesores no hubiéramos estado allí, los trabajadores no hubieran sostenido los servicios y los estudiantes no hubieran insistido en lograr sus sueños.

Con el paso de los años, hasta la resistencia colectiva puede terminar convertida en una fotografía individual. Pero no se trata solo del tiempo. La comunicación tiene esa curiosa capacidad de construir protagonistas. Repetir una imagen, asociarla a los logros y transformarla en el rostro de una institución, hasta el punto en que podemos confundir a quien dirige con la universidad misma.

Pero llegó la esperanza, y aunque distintas personas intenten hacerla suya, nadie puede reclamarla como propiedad exclusiva. Mucho menos aquellos que representan el pasado.  “Llegó María” puede repetirse desde muchas voces, pero para quienes escuchan en ese grito una promesa de cambio, también importa la historia de quienes lo pronuncian.

“¡Llegó María!” se escucha en las calles, y resuena también en los pasillos universitarios. Porque estas elecciones de la ULA evocan esa misma emoción: “¡Llegó la esperanza! ¡Queremos cambio!”.

Pienso en quienes se marcharon y en quienes seguimos aquí, convencidos de que nuestra universidad tiene todavía muchas historias por escribir. En los profesores que partieron, los estudiantes que abandonaron sus sueños, los profesores que se jubilaron extrañando la universidad que vivieron.

Dieciocho años después, volver a elegir significa recuperar una conversación pendiente sobre la universidad que hemos sido y aquella que todavía podemos imaginar. Por eso, este 11 de noviembre cada voto debe gritar: “¡Llegó María!”. “¡Llegó la esperanza!” “¡Queremos cambio!”.

*Comunicadora social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora de la Universidad de Los Andes, Táchira.

27-10-2026

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