A nuestra edad, pensamos que los desastres naturales son cosas de películas o problemas que afectan a otros países, pero cuando el suelo empieza a moverse y todo lo que te rodea cruje, te das cuenta de que mantener la cabeza fría es lo único que realmente puede salvar tu vida.

Cuando empieza el temblor, el instinto natural de la mayoría es salir corriendo como si hubiera un incendio o ponerse a gritar desesperadamente. Grave error. La regla de oro que nos machacan desde el prescolar y que de verdad funciona es “agáchate, cúbrete y sostente”.

Busca un refugio real, si estás en la escuela, en tu casa o en cualquier lugar techado, métete debajo de un escritorio o una mesa que se vean firmes. Si no hay nada cerca, ponte en posición fetal junto a una pared interior y protégete la cabeza y el cuello con tus brazos. Pero ojo, aléjate de las ventanas, los espejos, las repisas pesadas o las lámparas de cristal; los vidrios rotos y los objetos que caen son la causa número uno de heridas, no el terremoto en sí. Y por favor, olvídate de las escaleras y, sobre todo, de los ascensores; bajar escaleras mientras todo se mueve es una receta perfecta para una caída épica, y subirte a un ascensor es prácticamente firmar tu entrada a una trampa mortal.

Si por casualidad estás en la calle cuando tiembla, no te quedes pegado a los edificios; muévete rápido a un lugar abierto, lejos de postes de luz y cables eléctricos que puedan venirse abajo.

Una vez que la sacudida principal se detiene, la adrenalina sigue al 1000% y las piernas te tiemblan más que el piso, este es el momento crítico donde muchos bajan la guardia. No salgas corriendo, espera un momento y evacúa el edificio con calma siguiendo las rutas de evacuación. Correr a lo loco o empujar a los demás solo genera estampidas humanas y accidentes mucho más graves que el sismo en sí. La prioridad es salir de forma ordenada y estar muy atentos a lo que está pasando alrededor.

Ah, y sobre el uso del teléfono, en el caos, las llamadas telefónicas saturan las redes en segundos. No seas parte del problema. En lugar de estar marcando sin parar como desesperado, usa mensajes de texto o WhatsApp para avisar a tu familia que estás bien. Así no bloqueas las líneas que los servicios de emergencia necesitan y te aseguras de que tu mensaje llegue más rápido.

Al final del día, vivir en una zona sísmica no es un juego, pero tampoco tenemos que vivir con la paranoia a cuestas. Estar informados, tener un plan y practicar estos pasos no nos convierte en exagerados; nos convierte en jóvenes con criterio, capaces de cuidar de nosotros mismos y de los que queremos. Así que ya lo sabes, la próxima vez que la tierra cruja, respira hondo, piensa con claridad y aplica la estrategia. No se trata de no tener miedo, sino de no dejar que el miedo te controle a ti.

Marco Antonio Sosa Villamizar

Estudiante de 4to año de bachillerato

Colegio Micaeliano-Mérida

02-08-2026 (150)