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domingo, junio 28, 2026

Los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego

Los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego

Lucas 3, 16

Bautismo del Señor

La frase de la reflexión es un versículo del evangelio de Lucas, específicamente del paso leído en este domingo de la fiesta del Bautismo del Señor.

Tal frase conmemora las distintas epifanías obradas por Dios en el transcurso de la historia, y recopiladas en la Sagrada Escritura. Quien se regenera y se renueva en el Espíritu Santo (cf. Tt 3, 5), prueba la liberación del pecado y recrea así un nuevo ser revestido de Cristo. Esto asimismo concuerda con esta certeza: el hombre vive el Reino de Dios cuando su vida es expresión de la de Dios.

A este respecto, podemos apreciar tres manifestaciones de Dios:

Una, en la Creación. De ella hay sentido, pues en ella el hombre contempla la belleza del amor de Dios el cual le ha proporcionado un hogar maravilloso. Por supuesto, no dejemos de lado la epifanía del pequeño del pesebre, cuya solemnidad celebramos el pasado domingo.

Dos, la epifanía representada en las nupcias de Caná de Galilea, indica que el rostro de Dios es amor y sencillamente amor. Y al subrayar que su rosto es así, llamamos a descorrer las máscaras incompetentes que tantas veces colocamos sobre la faz del verdadero Dios.

Tres, la del bautismo. Unos versículos bíblicos propios de la primera carta a Timoteo y al prólogo del evangelio de Juan, destacan esta idea: Ninguno ha visto a Dios; pero ha venido su unigénito a revelárnoslo (cf. 1Tm 6, 15-16; Jn 1, 18).

Por eso, en razón de la fiesta del bautismo de Jesús preguntamos: ¿por qué el Hijo de Dios ha venido al mundo? Propiamente para hacerse ver. En efecto, con su bautismo Jesús inicia su vida pública. Entonces, el objetivo de Cristo dentro y fuera de Palestina fue: la epifanía (manifestación) del genuino rostro de Dios. Ver la verdad de este rostro es bruñirnos para buscarle prefiriéndole a otros parecidos, pero inadecuados.

A este respecto el bautismo celebrado por Juan, repasemos el pasaje remarcado como epílogo de este documento, producía en la gente un cambio de vida y, sin caricatura, la persona lo manifestaba simbólicamente. Efectivamente, según Lucas a Juan se acercaban publicanos y militares para que los bautizara (cf. 3, 12.14); y, en consecuencia, algunas autoridades judías mostraban su alergia a toda dinámica y honesta novedad. Innegablemente en ello también sucedía una palmaria epifanía: la preparación al advenimiento de Cristo.

En ésta, en la que andamos y con la que enriquecemos nuestra persona cual brillo de la luz de lo alto, por ej., tengamos en mente y corazón este año jubilar y su lema, peregrinos de la esperanza, miremos el presente junto a Jesús, y preparémosle los corazones, pues de este modo asiduamente el bautismo nos rememora que es una inmersión total en la vida de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

12-01-25

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com

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