Por: German Rodriguez Bustamante…
La realidad venezolana posterior al 3 de enero, no admite lecturas simples ni moralizantes. Es un escenario de supervivencia estatal para conservar el poder, el control americano y la adaptación pragmática de los actores, posiciones que redefinen las reglas del juego. Desde esa premisa, la obligación de un gobernante es proteger la supervivencia y los intereses vitales de su Estado, lo que frecuentemente lo obliga a priorizar decisiones pragmáticas sobre postulados ideológicos. Las acciones deben calibrarse según las amenazas, los recursos disponibles y las coyunturas específicas. El interés nacional en preservar la soberanía y la continuidad estatal, sus expresiones son dinámicas y se transforman con cada cambio en el equilibrio de poder. Las coordenadas que rigen la actuación del gobierno venezolano, son orientadas por la estrategia estadounidense y el repliegue de la oposición son manifestaciones de una lógica clásica: el interés nacional por sobrevivir es permanente, pero sus formas mutan según el equilibrio de fuerzas.
La coalición en el poder interino, se ha caracterizado por una elasticidad y un pragmatismo claramente condicionados por el contexto. Previo al 03 de enero, Washington aplicó un proceso estructurado de asfixia económica sobre Venezuela, en distintos niveles de intensidad. En el 2.025 ese modelo de estrangulamiento, adquirió una dimensión física concreta, un bloqueo naval de facto, sanciones secundarias, despliegue militar en el Caribe y una operación que incluyó la captura y traslado del presidente Nicolás Maduro y su esposa a Estados Unidos. La narrativa de criminalizar al gobierno venezolano se desvaneció. Washington se sienta en la mesa con los mismos actores que meses atrás calificaba de narcoterroristas, pero manteniendo la estructura de recompensas como medio de presión. Por la vía de los hechos, reconoce el chavismo como realidad objetiva, incluso lo exhibe como un caso de gestión política exitosa. El petróleo venezolano, antes inmovilizado en fondeaderos, fluye nuevamente hacia Estados Unidos y otros mercados, hecho que contribuye a estabilizar un panorama global convulso por la crisis en el estrecho de Ormuz.
El mandatario americano utiliza el caso como vitrina de logros en política exterior, pero el armario empieza a resquebrajarse por las asociaciones, fotos y declaraciones que ensombrecen las elecciones de medio término. Mientras esto ocurre internamente en territorio americano, los venezolanos padecen una crisis que poco a poco, apaga la celebración nacional por la extracción de Maduro. En este contexto el horizonte político opositor es difuso. Hoy son los grandes perdedores del ajuste estratégico. Al consolidarse la relación transaccional entre Miraflores y Washington, y al institucionalizarse el control de los ingresos petroleros mediante licencias y cuentas supervisadas en territorio estadounidense, la proyección de poder de la oposición se ha vuelto casi nula. A pesar de ello la transacción es muy frágil, por la ilegitimidad de Delcy para firmar o refrendar acuerdos de largo plazo. En el corto plazo se requiere un proceso electoral que garantice la voluntad del pueblo venezolano, aunque esto no conlleve a la modificación sustancial de los acuerdos alcanzados hasta el momento.
En Venezuela, los eventos avanzan más rápido que los marcos analíticos disponibles. Por ello, cualquier conclusión prematura será incompleta y cercana al error. El juego es de apuestas, incentivos, riesgos y costos inapelables. El régimen lo comprende y sabe que existen en los centros de poder en Washington, factores que amenazan su continuidad y presionan por su reemplazo. Esa realidad no ha cambiado. El equilibrio actual, es funcional pero frágil, no es permanente. La arquitectura que hoy sostiene el estado de cosas se modificará al ritmo de las aspiraciones, los errores y los reajustes de cada parte. Así como Delcy fue la pieza para resolver la coyuntura después del 03 de enero, es posible que su sustitución sea necesaria cuando las circunstancias lo obliguen. Los americanos no tienen compromisos con personas en Venezuela, solamente con su experimento, cuando los medios de verificación de la hipótesis requieran ajuste, lo harán sin problema alguno.
Lo triste de esta historia es que a los venezolanos, les ha tocado llevar la carga más pesada de esta tutela. En materia de derechos humanos, la reducción de algunas de las formas más severas de represión es significativa, pero de ninguna manera constituye una transformación del sistema que las hizo posibles. Mientras no se desmantelen las estructuras represivas, se garantice la independencia judicial y se investigue y sancione debidamente a los responsables de violaciones de derechos humanos, cualquier apertura seguirá siendo débil y reversible. Los venezolanos merecen cambios reales y significativos en materia de derechos humanos, no avances tentativos e incompletos. En materia social, aunque la producción petrolera ha aumentado por las nuevas licencias otorgadas por Washington, a nivel de calle predomina la impaciencia y la angustia económica, debido a que los excedentes no llegan al bolsillo, la moneda sigue sufriendo depreciaciones y el costo de vida se mantiene asfixiante e insoportable.
La presión internacional ha derivado en una leve apertura cívica, pero la población enfrenta una crisis humanitaria agravada por desastres naturales y un aparato estatal que se niega a cambiar en su base. Servicios públicos colapsados, que se expresan en que más de 18 millones de venezolanos son incapaces de cubrir sus necesidades básicas. La cotidianidad del ciudadano sigue marcada por cortes eléctricos diarios de varias horas y fallas crónicas en el suministro de agua potable. Existe una profunda desconexión entre la mejora de los indicadores macroeconómicos, la reducción del riesgo país, el repunte de la Bolsa y la economía del hogar, ya que la inyección de capitales petroleros bajo la tutela estadounidense, aún no se traduce en la recuperación del poder adquisitivo ni en el cese del alto costo de vida. Esas son las verdaderas cargas de la tutela, por ello muchos venezolanos afirman que la situación está peor que antes del 03 de enero.
@germanoveja
21-09-2026
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