La alimentación mundial enfrentará importantes desafíos durante la próxima década, este será un escenario marcado por cambios cíclicos en el clima, las desigualdades sociales, la transformación de los sistemas productivos aunado a la necesidad de garantizar alimentos suficientes, nutritivos además de accesibles para toda la población. En este sentido, el reto no consiste únicamente en producir más, sino en construir sistemas agroalimentarios capaces de responder a las necesidades humanas sin comprometer los recursos naturales de las generaciones futuras.
Del mismo modo, uno de los principales desafíos será garantizar la seguridad alimentaria. Según las proyecciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (OCDE y FAO, 2025), el consumo mundial de productos agrícolas-pesqueros aumentará durante los próximos diez años, especialmente en los países de ingresos bajos y medios. Sin embargo, este crecimiento de la demanda no significa que todas las personas tendrán acceso a una alimentación adecuada, por otra parte, la pobreza, los conflictos, la inestabilidad económica y las dificultades de distribución continuarán condicionando la disponibilidad-precio de los alimentos.
En este orden de ideas los cambios de clima, representan un factor determinante, es decir las sequías prolongadas, las inundaciones, las alteraciones de las temporadas de lluvia y el aumento de las temperaturas pueden afectar los rendimientos agropecuarios y la pesca, en todo caso ante esta realidad, será necesario fortalecer la agricultura sostenible, mejorar la gestión del agua, diversificar los cultivos y promover prácticas productivas adaptadas a las condiciones ambientales de cada territorio. Por tanto, la innovación tecnológica, incluida la agricultura de precisión, puede contribuir a estos objetivos, siempre que sus beneficios sean accesibles para los pequeños productores.
En relación con otro problema fundamental que es la pérdida y el desperdicio de alimentos, El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2024) estimó que en 2022 se desperdiciaron aproximadamente 1.050 millones de toneladas de alimentos en hogares, establecimientos de servicios alimentarios y comercios minoristas, si infiere por ende que esta cifra evidencia la necesidad de mejorar la planificación de las compras, el almacenamiento, el transporte y la gestión de inventarios, además de promover prácticas de aprovechamiento en los hogares y las organizaciones gastronómicas.
Del mismo modo a estos desafíos se suma la necesidad de transformar los patrones de consumo, es decir, una alimentación saludable debe combinar calidad nutricional, diversidad cultural, accesibilidad económica, sin dejar de lado la responsabilidad ambiental, esto implica que para conseguir resultados se hace indispensable fortalecer los mercados locales, reconociendo además los conocimientos de las comunidades rurales, promoviendo así cadenas de suministro que favorezcan a los pequeños agricultores. Donde también deben accionarse las políticas públicas, empresas, universidades y los consumidores quienes tienen responsabilidades complementarias en este proceso.
En todo caso, la próxima década exigirá una visión integral de la alimentación global. La seguridad alimentaria, la sostenibilidad ambiental y la equidad social no pueden abordarse de manera aislada, esto indica que, el futuro dependerá de la capacidad colectiva para articular innovación, cooperación internacional y participación territorial, de modo que producir alimentos también signifique proteger los ecosistemas, vinculándose al fortalecimiento de las economías locales, garantizando de esta forma el derecho de las personas a una alimentación adecuada.
M.Sc Daniel García
IIES. FACES. ULA.
18-10-2026


