El título reúne esta idea: los maestros son bienhechores de la humanidad, porque, en primer lugar, soslayan la presunción de haber nacido aprendidos, o de saberlo todo, y, en segundo lugar, porque demuestran con la preparación de las clases, con la inscripción de éstas en la pizarra, que estudiando se aprende.
El progreso del maestro con la autodidáctica impulsa el de sus alumnos.
Con educación él conserva y extiende sus conquistas formativas.
Con sus ideas los maestros no rivalizan a siempre tener la razón, sino que hacen resonar el grave acento de la misma cuando acciones, como la retroalimentación, por ejemplo, corren el riesgo de desembocar en una algazara de pretensiones absurdas.
Por consiguiente, le dan importancia a la lectura, a la escritura, a la caligrafía, a la ortografía, pues antes que desacreditar el lenguaje, buscan quienes no pretendan uno privado, sino quienes lo estudien y lo dominen, acudiendo a sus vigentes normas de morfología, morfosintaxis, pues no todos los “zignos” pueden ni deben ser el “signo” dominante.
Y en ello la excusa tampoco es justificar que se presentan disfrazados.
El maestro ratifica el hecho de ser bienhechor de la humanidad, porque es perspicaz de descubrir “con” el lenguaje diferencias “en” el lenguaje donde la gran mayoría no ve sino semejanzas.
En un párrafo escrito en la pizarra, en el cuaderno de sus alumnos, o en el mensaje que ellos le envían a través del teléfono, del correo electrónico, él no se detiene a analizar correctamente todos los caracteres del mismo, sino los que fijan su atención por alguna rareza.
A partir de ahí desenvuelve otra acción bienhechora: la corrección ortográfica. Ciertamente, con ella también enseña a los niños, adolescentes, jóvenes, adultos, para que, incluso más tarde, le agradezcan, no para que lo insulten.
De este modo muestra que las palabras correctamente escritas, pronunciadas, no están en la imaginación del que las escribe, o las habla, ya que fuera de ella, y aunque en ello haya puesto su parte, han llegado a ser “correctas” justamente en la estructura morfosintáctica de un idioma, de un lenguaje.
“Joya de oro engastada en plata, tal es la palabra que se dice oportunamente” (Proverbios 25, 11).
29-01-26
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com



