El 24 de junio de 2026, Venezuela vivió uno de los días más terribles. Dos potentes terremotos sacudieron Caracas y el estado La Guaira con mucha furia, donde miles de vidas cambiaron para siempre.
Los niños sufren mucho y hay que aprender a cómo debemos actuar con ellos en medio de este caos. Porque si algo he aprendido en estos días es que los más pequeños no solo necesitan agua y comida; necesitan ser escuchados y hacerlos sentir seguros.
Para ellos y también para nosotros los jóvenes. no es fácil digerir lo que está sucediendo, hay niños entre las víctimas y los heridos. Hay menores que han quedado separados de sus familias, hay miles de familias que pasan las noches refugiadas en espacios abiertos, demasiado asustadas para volver a casas que ya no son seguras.
Los niños y niñas son los más vulnerables ante desastres, algunos están enfrentando lesiones, separación familiar, angustia y la interrupción de servicios como la salud, el agua potable y la educación. Ellos están procesando esto a su manera, muchas veces sin las herramientas para entender lo que pasó.
Los niños preguntan, quieren saber por qué tembló la tierra, por qué su casa se rompió, por qué no pueden volver a su cuarto. Hay que hacerles saber que es normal que tengan miedo. Cuando un niño te cuenta que le dio pánico el temblor, no le digas «no llores» o «ya pasó». Siéntate con él, abrázalo y escuchálo. Eso, para un niño, vale más que cualquier explicación. No subestimes el poder de un juego, un cuento o una canción para devolverle a un niño la sensación de que el mundo no se terminó.
No los expongan a más dolor del necesario, las imágenes de los noticieros, los videos de los escombros, las conversaciones de los adultos sobre muertos y desaparecidos, eso también es trauma para un niño. No significa ocultarles la verdad, sino informales con cuidado.
Los niños que hoy tienen miedo son los que mañana construirán el país. Si los dejan solos con su trauma, ese miedo se volverá cicatriz. Pero si los acompañan, si los escuchan y los abrazan, les estarán dando la única cosa que el terremoto no pudo destruir, la certeza de que no están solos.
Marco Antonio Sosa Villamizar
Estudiante de 3er año de bachillerato
Colegio Micaeliano-Mérida
05-07-2026 (149)


