Si hay algo rescatable de todo este zaperoco que suele formase durante las fiestas carnestolendas, es sin duda, la emoción y la expectativa de los niños, ante la posibilidad de ponerse sus disfraces y por un breve período, encarnarse en aquellos personajes que les son atractivos y que en su mente infantil, imaginativa e ingenua, han soñado con ser.
Así, y a pesar de la crisis, hemos podido observar con satisfacción a los más chiquillos luciendo sus trajes. Hemos visto pasar, princesas, príncipes, damas antañonas, brujitas preciosas, hombres arañas, zorros, vaqueros, muñecas de trapo, mujercitas maravilla en fin,representaciones de las más variadas, creativas y sorprendentes
Sabemos que detrás de esos disfraces está la mano amorosa de madres, abuelas, tías, que han hecho posible la confección de los diferentes atuendos porque no todas las familias tienen, en este momento, el poder adquisitivo para ir a una tienda y comprar uno.
María Cecilia, una tía consentidora nos dijo: Mi sobrina quería ser una reina, así que busqué ente mis cosas y encontré algunas telas viejas que podían servir. Como sé coser, me las ingenié para pegar los retazos y hacer un hermoso vestidito, muy singular, para que ella se sintiera preciosa y complacida.
Nos tropezamos también con un hada que lucía una túnica rosada y una capa de tul color violeta. Estaba muy linda, maquillada y tenía alas, ella con mucho orgullo y bien metida en su caracterización, dijo:” soy el hada de las flores”, mi mamá me maquilló y me hizo mi vestido.
A Súperman, el disfraz le quedaba un poco grande, pero él como que si nada. Su actitud era la de que pronto volaría por los cielos merideños, en pos de sus sueños. Su papá que lo acompañaba nos explicó que este trajele había pertenecido a su hermano mayor, y que lo que hicieron fue adaptárselo al más pequeño para esta ocasión: “Toca reciclar, dijo el señor con una amplia sonrisa, mientras llevaba de la mano a su pequeño súper héroe.
Algunos especialistas en comunicación opinan que “disfrazarse puede ser simplemente llevar un gorro, una corbata, una máscara o una coronita”. Y destacan que es muy importante aprovechar estas situaciones para escuchar lo que el niño comunica y lo que el niño quiere, “más aún en una actividad como ésta”en la que las madres y los padres pueden descubrir tanto sobre la personalidad de sus pequeños”.
Sí, los niños, nuestros niños con su inocencia, con sus pieles suavecitas como el algodón, con sus cabecitas llenas de fantasía, ellos, se merecen lo mejor que un país les pueda ofrecer. También, han tenido que soportar durante mucho tiempo las dificultades por las que atravesamos. Las imágenes que vemos día a día son elocuentes, especialmente, cuando de las manos de sus madres, los pequeños, con sus pasitos cortos, suben por la trasandina para llegar a Mérida porque no hay transporte o porque el pasaje está muy caro y no lo pueden pagar. O los que se desmayan por falta de un desayuno, entre muchas otras injusticias de las cuales los infantes son objeto, y que jamás deberían suceder.
Nuestro deber, como adultos responsables es proporcionarles todo lo que requieren para un crecimiento sano: alimentación, cariño, comprensión, protección y el amor que no debe faltar en ningún hogar donde hayan niños.
Niños venezolanos, tesoritos de colores: negritos, blanquitos, morenos rubios y hasta pelirrojos, con expresiones tiernas y palabras dulces. En estos días de Carnaval transformados en sus personajes favoritos, y si usted no tiene suficiente dinero para invertir en arreglos especiales, póngase creativa(o), y ya verá cómo logra esa máxima metamorfosis para que su hijito o hijita se convierta y sea muy feliz, compartiendo con sus compañeritos de clase, o saliendo a presumir sus matices, brillos y alegría natural.
Arinda Engelke.


