Los pueblos deciden su destino

Por: Germán Rodríguez Bustamante

Los principios de los derechos políticos conocido como contrato social, es un libro escrito por Jean Jacques Rousseau publica en 1.762. Es una obra sobre filosofía política y trata fundamentalmente sobre la libertad e igualdad de los hombres, bajo un Estado instituido por medio de un contrato social. La obra fue desarrollada en cuatro libros. En su primer libro afirma que todos los hombres nacen libres e iguales por naturaleza. En su tercer libro alega que: cuanto más crece el Estado, más disminuye la libertad; el gobierno, para ser bueno, debe ser relativamente más fuerte a medida que el pueblo es más numeroso; la resolución de los asuntos se vuelve más lenta a medida que se encarga de ellos mayor número de personas; ente algunas afirmaciones que presenta en su obra. A pesar que los
contextos son muy distintos algunos elementos sirven para explicar, comportamientos de gobiernos en ejercicio.

Señala Rousseau que: encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza común a la persona y los bienes de cada asociado, por lo cual, uniéndose cada uno a todos, no obedezca, sin embargo, más que así mismo y permanezca tan libre como antes. Esa unión de cada uno a todos es lo que forma la voluntad general, el pueblo, el cuerpo político, la comunidad política. Y en adelante, ese pueblo, esa comunidad política, sólo se obedecerá a sí misma, se dará a sí misma la ley, los derechos y las obligaciones. En ella, lo natural del hombre (el sentimiento, el instinto, los bienes, la libertad y la igualdad) se transformarán, se cualificarán. Por eso, en el estado civil, en estricto sentido, la libertad y la igualdad se mantienen, pero potenciadas, garantizadas; lo mismo que los bienes. A su vez, el instinto se transformará en justicia y los apetitos del hombre serán controlados por la razón.

Es importante entender que la soberanía es inalienable, es decir, que no se puede ceder. Rousseau sostiene que sólo el poder se cede, la voluntad no. Esto quiere decir que la soberanía siempre pertenecerá al pueblo en lo cual hay un rechazo a la democracia representativa, a la irresponsabilidad absoluta del legislador y del gobierno, quienes no son más que comisarios del pueblo. Por lo demás, aquí no hay cesión de los derechos a un gobierno, ni hay contrato de sumisión. En este marco y volando en el tiempo, la realidad venezolana obliga a los ciudadanos en este momento a revelarse ante un gobierno que perdió toda legitimad en el ejercicio del poder. Por lo tanto, la voluntad de cambio es indetenible. No existe una entrega de la soberanía a un poder universal para que someta a toda una sociedad. El proceso electoral en puerta es el medio para manifestar la voluntad de cambio que muestran las encuestas.

Indudablemente que este régimen oprobioso, buscará por todos los medios evitar que esa voluntad se logre pronunciar. Mario Briceño Iragorry sostenía con firmeza el 30 de noviembre de 1.952, que el pueblo instruido en su lección y aunque parezca dormido o engañado, pervive sobre aquellos que lo explotan y lo oprimen.

Una lección de vida devenida en experiencia que enseña a diferenciar la virtud de las malas intenciones, así como también a encarar realidades adversas que solo podrán superarse con empeño, constancia y ante todo coraje. Como resultado de todo eso, se elevarán los niveles de conciencia colectiva las ideas, actitudes y conocimientos que actúan desde el dominio de la moral y las buenas costumbres, convirtiéndose en potencia unificadora entre quienes integran una comunidad humana.

Luego de haber transcurrido más de dos décadas de malos ejemplos. No es solo el infame comportamiento de quienes asumen la función pública, sino el hecho cierto de que las instituciones no hacen lo que por ley deberían de hacer, comenzando por el ordenamiento jurídico. La mala educación ha sido la huella del régimen, con todos sus perniciosos efectos sobre los niños, quienes desde los albores del siglo no han visto más que descaros y excesos de una detestable costumbre autoritaria e irreverente en su esencia. Pero también ha campeado la maldad en todas sus formas, violaciones sistemáticas de los derechos humanos, evidenciado con las imágenes de quienes hurgan en la basura para alimentarse, o los millones de refugiados que fueron obligados a abandonaron el país en los últimos tiempos. Acciones perjudiciales que afectan a los menos favorecidos, a quienes supuestamente la revolución populista vino a reivindicar. Los ciudadanos en general no pueden aislarse de la solución a los problemas que los afecta, ni de los espacios públicos sobre los cuales, quienes ejercen la función de gobierno y sus seguidores no tienen derechos exclusivos. Sin violencia, los derechos deben ejercerse, es la obligación de los ciudadanos para que esa voluntad de cambio se pueda materializar. No se puede aceptar con pasividad que se violen los derechos políticos del ciudadano.

El 28 de julio es el día para manifestar el rechazo a esta gestión negligente, incapaz y profundamente corrupta, que pretende mantenerse en el poder, a pesar, que las realidades políticas, sociales y económicas los obligan a ceder su mandato. Es la hora final de la conciencia, pero también de la acción cívica ejercida a través del respaldo masivo a la voluntad de cambio, ejecutada mediante el voto popular. Un régimen vinculado con delitos graves, pretenderá torcer el destino configurado por la gente en este momento, sin embargo, existe el deseo de construir un futuro distinto que sorteará cualquier obstáculo, dificultad y trampa montada. Acción que precisa del convencimiento y de la voluntad para convertirse en cruzada cívica y decisiva. Una lucha que, por su naturaleza, será sin excusas
hasta el final. El poder fue cedido temporalmente para que los gobernantes resolvieran los problemas existentes en esa coyuntura histórica, tristemente todo fue un engaño, le toca al pueblo recuperar su soberanía con el voto independiente y libre, impulsado por la voluntad de cambio que es indetenible.

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01-07-2024